Gracias, catequistas

Por Félix García de Eulate • 31 may, 2009 • Sección: Con ojos de catequista, Opinión

z-foto-eulatePara una catequista lo mejor son los chicos, pero para el párroco lo mejor son los catequistas. El grupo de los catequistas es uno de los más activos y eficaces de la parroquia. Gracias a ellos las enseñanzas de la catequesis llegan al gran número de niños y jóvenes. Es un grupo siempre disponible para muchas actividades de la catequesis y también en liturgia y en cáritas. Ser catequista es una vocación y un verdadero ministerio dentro de la Iglesia.
Al final del curso pastoral suele haber alguna reunión celebrativa con revisión del curso, algo de oración, un aperitivo, algún detalle y algunas palabras de agradecimiento y ánimo. Decía el párroco: Gracias por vuestra dedicación y esmero. ¡Cuánto cariño y paciencia habéis empleado con los chicos! Gracias de parte de la parroquia, que reconoce vuestra labor.
Una joven, todavía aprendiz de catequista, escribió después un mensaje vía Email: Le escribo para decirle que nos ha gustado muchísimo la catequesis este año. Creo que hablo en nombre de mi compañera (van dos para suplirse) y en el mío propio cuando digo que desde que damos catequesis a nuestras niñas nuestra vida tiene mucho más sentido. Vemos más realizada la misión que Jesús nos encomendó de dar testimonio de su fe y su mensaje y no solo eso, sino que en cada catequesis me recuerdo a mi misma cuál es ese mensaje y esa misión avivando así mi fe y manteniendo candente la llama del Espíritu Santo. De parte de mi compañera y mía, muchas gracias por habernos dado esta magnífica oportunidad que nos llena de gozo y alegría y que esperamos poder continuar el curso próximo.
Continuar en la catequesis es el propósito más proclamado al terminar el curso. Dice el directorio pastoral de la iniciación cristiana de nuestras diócesis de Pamplona y Tudela que el ministerio de catequista para ser tal ha de ser “ejercido con preparación, ejemplaridad y estabilidad.” (n. 3.5) La estabilidad se produce cuando año tras año se va perseverando en dar catequesis. No se puede llamar catequista a quien no es estable.
Hacían bromas sobre la veteranía de una catequista, a lo que ésta respondió: Yo seguiré mientras tenga ilusión y ésta ya veis que no me falta nunca. Es la veterana que tiene el corazón más joven que otros. Sabe de todo. Se ofrece a todo. Ha estado substituyendo, ayudando en todas las celebraciones con discreción y eficacia, sin buscar protagonismo, con un saber hacer y delicadeza exquisita. Estos catequistas lo son en verdad. Han ganado el título con su perseverancia y merecen el reconocimiento de toda la comunidad cristiana. ¡Gracias, catequistas!

Comparte este artículo
  • e-mail
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • TwitThis
  • Digg
  • Meneame
  • del.icio.us

Los comentarios están cerrados.