¡Señor, aquí está Juan!
Por Antonio Rojas • 14 jun, 2009 • Sección: Cultura, No te rindasJuan es leyenda. Español, sencillo, humilde, bueno, con fe. Juan es leyenda porque lo que no le ocurre a ningún hombre le ocurría a él: todo le salía mal.
- Señor, -oraba ante el Sagrario- mi mujer se muere: ¡sálvala!
Murió su mujer.
- Señor, mi hijo enferma, si también se muere, me quedo solo. Señor…
Tuvo que celebrar los funerales por su hijo.
- Y ahora, Señor, me pleitean las cuatro pesetas que tengo…
Perdió el pleito y se quedó en la calle y sin familia.
- Está visto, Señor, que no sé pedir lo que me conviene; desde hoy sólo diré: ¡Señor, aquí está Juan!
Y esa fue su oración mientras duró su crucificada vida. Todos los días pasaba un rato por la iglesia y, postrado ante el Sagrario, susurraba su oración: ¡Señor, aquí está Juan!
Y cuenta la leyenda que murió tranquilamente y que al llegar a las puertas del cielo se presentó diciendo: ¡Señor, aquí está Juan!
Y al momento las puertas se abrieron de par en par.
Quizás Pemán, observando a hombres del temple de Juan, se inspiró para su poesía:
“Viví como un peregrino
que, olvidando sus dolores,
pasó cogiendo las flores
de los lados del camino.
Y lo guardo porque espero
que he de morir confiado
en que se lo llevo entero
al Señor que me lo ha dado.
Cantando he dejado atrás
la vida que recorrí:
pedí poco, y tuve más
de lo poco que pedí”.
