Balacera
Por Zubiría • 30 ago, 2009 • Sección: Altius, clarius, fortius, OpiniónInsiste mi primo, en medio del agosto tórrido, que la vida cristiana camina sobre dos pies: la eucaristía y la confesión, y que si faltan estos pies, la vida cristiana se ralentiza, trastabilla y se detiene… o se esmorra. El mismo primo estaba el otro día en fiestas en Tafalla o por ahí, y, mientras tomaba el vermú, que no sale en el programa pero que es un acto muy popular, se encontró con un matrimonio joven y el padre-suegro. Hablando con el matrimonio les invitó a ir a su parroquia porque era muy bonita, porque les iba cerca de casa, porque la Misa es muy agradable: “Uff, ¡la Misa! Ya hemos dejado la Misa, es que eso no nos va demasiado. Así algún día, para la Virgen o Navidad… pero todos los domingos,… imposible”. El padre-suegro, viéndolas de cara, comenzó a disparar: “Ahí, ahí, moce, a ver si les convences. Ya les digo yo que tienen que ir, que son unos falsos, que bla, que bla y que bla, bla, bla”. Apenas transcurridos quince segundos de la primera refriega, mi primo soltó la tesis con la que abro este artículo, diciendo que había que ir a Misa y confesar de vez en cuando. Y sin mediar resuello, le espetó al padre-suegro: “Y tú, ¿ya te confiesas?”, “¿Yoooo?, ¡¡¡pero si yo no tengo pecados!!!”. “Pues que sepas que lo que te quejas de tus hijos tiene su origen en lo que tú no vives: estos hijos tuyos no van a Misa porque tú no te confiesas” y sonriendo mucho, y poniendo buena cara, mi primo salió del local con el colt echando humo.
Tuve un profesor que decía que el primer sacramento que se deja es el de la confesión y que pegado a él, al poco tiempo, se deja también la Misa. Esto que se ve fácil en personas particulares se ve también en la sociedad: la sociedad que deja de confesarse, deja de ir a Misa. Más aún, si los padres dejan de confesarse, los hijos dejan de ir a Misa y los nietos dejan de estar bautizados.
