Noche oscura

Por Santiago Arellano • 30 ago, 2009 • Sección: Cultura, Escuela de padres

Quiero comenzar el curso como lo terminé: comentando a san Juan de la Cruz. Es la hora del amor. Estamos necesitados de amar. Hartos de ventrílocuos, necesitamos palabras de amor que brotan del alma. Esto es el poema “La noche oscura”.

“Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual”.

En estas afirmaciones se resume el sentido que nuestro poeta quería transmitir a sus monjitas, a quienes estaban destinadas estas sublimes composiciones. Yerra profundamente quien proyecte sus malsanas experiencias y pretenda reconocerlas en estas divinas canciones. Ignoran el alma virginal de san Juan. Cualquier interpretación que olvide la experiencia de la unión con Dios como clave de sentido es equivocada por no decir falsa. Tiemblo cuando los aprendices de brujo freudiano proyectan sus fantasías sobre nuestro poeta. Ignoran que por la gracia de Dios existen hombres y mujeres que son limpios de corazón y que precisamente por ello pueden ver a Dios. Sus tres grandes poemas expresan líricamente la experiencia de esta unión con Dios y el camino seguido para lograrlo, que no es otro que el camino de la negación de sí mismo, tomando la cruz y siguiendo a Cristo, manso y humilde de Corazón.

La expresión de la experiencia mística católica sigue el modelo de El Cantar de los Cantares. El alma, tanto sea de un hombre como de una mujer, se transfigura en la esposa; y Dios aparece como esposo. El lenguaje y las imágenes son las propias del lenguaje del amor humano y la historia aparente es una bella historia de amor. Los críticos hablan de que el recurso estilístico dominante es el símbolo, pero matizan, se trata del símbolo bisémico, queriéndonos decir que en sus poemas se pueden descifrar o entender a la vez una historia humana y una historia divina. Lo del símbolo es indiscutible. Cuando la rosa expresa la belleza de una mejilla es una metáfora; cuando expresa la belleza en sí, es un símbolo. Si alguien dice que el eclipse de sol trajo la noche a la tierra para expresar la intensidad de la oscuridad, se trata de una metáfora; pero cundo san Juan dice “En una noche oscura” ¿a qué se está refiriendo? ¿Podemos imaginar que la noche oscura de san Juan puede estar sucediendo a plena luz del día? Eso es un símbolo y sin duda admirable.

Hablan de símbolo bisémico porque podemos, primero, imaginar la aventura de amor en una noche real y podemos también interpretarla como la noche oscura de la fe. Estoy convencido que a san Juan no le hubiera complacido el término. El armazón de su experiencia es el armazón pero no su historia de amor. Es el plano del andamiaje el que da pie a lecturas morbosas y a interpretaciones absolutamente aberrantes. San Juan mediante el empleo de una sucesión continuada de metáforas nos comunica una experiencia imposible de comunicar en lenguaje propio y directo, consiguiendo que cada metáfora se eleve a símbolo de otra realidad por sí misma inefable, y que a su vez va contribuyendo a la creación de un símbolo total, el misterio de la unión del alma con Dios expresado en la suma total de las palabras del poema, en sus ritmos, en sus imágenes, en sus comas y en sus transiciones. Si sólo me quedo con una historia de amor humano, aunque sea sublime, he saboreado la cáscara, pero no su sabrosa fruta interior; he confundido el andamiaje con el monumental edificio que con su ayuda el poeta ha levantado.

Podríamos decir que este poema es un canto a la oscuridad de la noche, que hace posible, a su deslumbradora luz, (Oh paradoja), más cierta que la luz del mediodía, y amable más que la alborada, la unión mística del alma con Dios, amada en el amado transformada. Pero abandonar nuestra confortable morada, nuestra casa interior, no es fácil. Nuestros sentidos carnales se agarran a toda seducción. ¿Cómo conseguir que se sosieguen? ¿Y las pasiones de nuestro espíritu, cómo doblegarlas? Noche de los sentidos, noche purificativa del espíritu. Hay que huir de nosotros mismos, la casa, disfrazados por la secreta escala, domeñando nuestras pasiones desordenadas hasta dejar la “casa sosegada”.

Algunos creyeron que esta tarea de lucha contra nuestras inclinaciones desordenadas era la de los cristianos comunes y que sólo para los escogidos estaban reservados los estados interiores de la iluminación y de la unión. Qué disparate. Mortificarse sin que el fin sea amar al Amor. La vocación universal a la santidad pone de relieve la vocación universal al Amor, por el camino de la fe y en alas de la esperanza, en noche oscura y ciega o en vislumbres de amanecer. Pero teniendo la certeza de que nos dirigimos “adonde me esperaba quien bien yo me sabía”.

La segunda parte es una maravillosa escena de amor. ¿Acaso la unión con Dios tiene que carecer de la ternura y fineza de los que bien se aman? ¿Cómo enseñárselo a quienes inician su vía espiritual interior o están adelantados en el camino de perfección? Claro que cada expresión se mueve entre las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo como un preciso mecanismo de relojería. Nuestra sensibilidad, sin embargo, se queda en ese pecho florido que entero para él sólo se guardaba y en esa caricia que esparcía los cabellos del Amado. La belleza de la escena es conmovedora, irresistible. Algo nos dice que todo ser humano, por perdido que se encuentre, siente nostalgia de un amor tan pleno. Es el Amor que fundamenta los amores. Sin embargo queda todavía lo más peculiar y sublime de la experiencia amorosa de San Juan: el amor como plenitud poseída logrando el abandono pleno y confiado en el amado: “quedeme y olvideme… cesó todo” Los cuidados siguen pero “entre las azucenas olvidados”. ¡Las azucenas! ¿No es el lugar más adecuado para dejar nuestras inquietudes?
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Noche oscura

En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada. 5

A oscuras y segura
por la secreta escala disfrazada
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada
estando ya mi casa sosegada. 10

En la noche dichosa
en secreto que nadie me veía
ni yo miraba cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía. 15

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía
en parte donde nadie parecía. 20

¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
Amada en el amado transformada! 25

En mi pecho florido
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba. 30

El aire del almena
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía. 35

Quedeme y olvideme
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo y dejeme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado. 40

San Juan de la Cruz

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