Sacerdotes (1)

Por José Luis Morrás-Etayo • 30 ago, 2009 • Sección: Conozcamos el código, Opinión

z-foto-morrasEl viernes 19 de junio el Papa inauguró el año sacerdotal con motivo del 150 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars. Las palabras del Papa en su carta de convocatoria fueron profundas, cercanas, llenas de espiritualidad sacerdotal y de consejos dignos de tener en cuenta por todo sacerdote. También algunas conferencias episcopales han escrito con tal motivo, y estoy seguro que durante este año no van a faltar reflexiones al respecto desde la teología, la moral, la espiritualidad y demás ciencias sagradas. Yo desde este artículo os voy a ir comunicando todo lo que en este campo dice el Código de derecho canónico y el Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros. Si alguien quiere meditar más profundamente siempre queda la encíclica de Juan Pablo II “Pastores dabo vobis” y las exhortaciones del Papa actual con motivo de sus encuentros con los sacerdotes y diáconos. En muchos casos copiaré los cánones, en otros comentaré lo cánones desde el directorio. Procuraré ser siempre fiel a estas dos fuentes y aportar una visión que considero muy interesante y que no pude faltar: la que se hace desde el Derecho de la Iglesia.

Los sacerdotes no salen por generación espontánea sino por la búsqueda, cuidado y fomento de las vocaciones, tarea que el Código encomienda a todo el pueblo de Dios. Dice el canon 233.1. que incumbe a toda la comunidad cristiana el deber de fomentar las vocaciones, para que se provea suficientemente a las necesidades del ministerio sagrado en la Iglesia entera; especialmente, este deber obliga a las familias cristianas, a los educadores y de manera peculiar a los sacerdotes, sobre todo a los párrocos. Especialmente el código se refiere a quienes tengan alguna responsabilidad de gobierno en la Iglesia, llamándoles a trabajar duro en promoción de las vocaciones. Los Obispos diocesanos, a quienes corresponde en grado sumo cuidar de que se promuevan vocaciones, instruyan al pueblo que les está encomendado sobre la grandeza del ministerio sagrado y la necesidad de ministros en la Iglesia, promuevan y sostengan iniciativas para fomentar las vocaciones, sobre todo por medio de las obras que ya existen con esta finalidad.

El Código nos hace a todos responsables del fomento de vocaciones. No podemos dejar que sean otros los que realicen esta tarea. Aquí tenemos y debemos aunar esfuerzos. La vitalidad de nuestras comunidades cristianas quedará demostrada en la cantidad de vocaciones que produzcan para el sacerdocio y la vida consagrada. Aunque el Señor sigue llamando, evidentemente su llamada se oye más nítidamente en los ambientes propios para escucharla. Ojala que todos colaboremos o sigamos colaborando en esta eclesial tarea.

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