Sacerdotes (5)

Por José Luis Morrás-Etayo • 27 sep, 2009 • Sección: Conozcamos el código, Opinión

z-foto-morrasHablamos ahora de la formación humana de los sacerdotes. En primer lugar hay que preparar a los candidatos para que afronten su vida sacerdotal desde el celibato. El canon 247 nos dice: “Por medio de una formación adecuada prepárese a los alumnos a observar el estado de celibato, y aprendan a tenerlo en gran estima como un don peculiar de Dios”. El clérigo está obligado según el canon 277 a guardar continencia perfecta y perpetua. No como experiencia revisable ni tampoco como una carga, sino como don peculiar de Dios, como carisma que el Espíritu concede a algunos para el bien de todos y que exige discernimiento y aceptación gozosa. Por eso los documentos conciliares Optatam Totius 10 y Prebiterorum Ordinis 16 imponen a los formadores claridad toral a la hora de exponer las dificultades que se podrían encontrar.
Dice el canon 248 que la formación doctrinal que ha de impartirse durante el periodo de formación debe tender a que los alumnos, junto con la cultura general adecuada a las necesidades del tiempo y del lugar, adquieran un conocimiento amplio y sólido de las disciplinas sagradas, de modo que, fundando y alimentando en ellas su propia fe, puedan anunciar convenientemente la doctrina del Evangelio a los hombres de su tiempo, de manera apropiada a la mentalidad de éstos. Así y de acuerdo con el canon 249 ha de proveerse en el Plan de formación sacerdotal a que los alumnos, no sólo sean instruidos cuidadosamente en su lengua propia, sino a que dominen la lengua latina, y adquieran también aquel conocimiento conveniente de otros idiomas que resulte necesario para el ministerio pastoral. Como siempre los estudios filosóficos y teológicos previstos en el seminario pueden hacerse sucesiva o simultáneamente, de acuerdo con el Plan de formación sacerdotal; y deben durar al menos seis años, de manera que el tiempo destinado a las materias filosóficas comprenda un bienio y el correspondiente a los estudios teológicos equivalga a un cuadrienio. La formación filosófica, que debe fundamentarse en el patrimonio de la filosofía perenne y tener en cuenta a la vez la investigación filosófica realizada con el progreso del tiempo, se ha de dar de manera que complete la formación humana de los alumnos, contribuya a aguzar su mente y les prepare para que puedan realizar mejor sus estudios teológicos (cc.250-251).
La formación teológica, a la luz de la fe y bajo la guía del Magisterio, se ha de dar de manera que los alumnos conozcan toda la doctrina católica, fundada en la Revelación divina, la hagan alimento de su propia vida espiritual y la sepan comunicar y defender convenientemente en el ejercicio de su ministerio. Se ha de formar a los alumnos con particular diligencia en la sagrada Escritura. Ha de haber clases de teología dogmática, fundada siempre en la palabra de Dios escrita, juntamente con la sagrada Tradición, con las que los alumnos conozcan de modo más profundo los misterios de salvación, teniendo principalmente como maestro a santo Tomás; y también clases de teología moral y pastoral, de derecho canónico, de liturgia, de historia eclesiástica y de otras disciplinas, auxiliares y especiales, de acuerdo con las normas del Plan de formación sacerdotal (c.252).

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