La incoherencia, enemigo de la educación

Por Robert Kimball • 11 oct, 2009 • Sección: Evangelizar en y desde la familia, Opinión

z-foto-kimballA menudo se oye decir a muchos padres que, a pesar de la educación religiosa impartida en casa, sus hijos, de mayores, han dejado la práctica religiosa (Asistir a la Misa dominical, recibir los sacramentos, etc.). Estos padres no logran entender el motivo por el que la educación religiosa de casa ha dado tan pocos frutos.

Por una parte, hemos de comprender el desaliento de estos padres que han visto a sus hijos alejarse de la Iglesia. Sin embargo, creo que conviene analizar las actitudes respecto a la fe que hemos transmitido a nuestros hijos. Está claro que por encima del mensaje verbal que podamos comunicarles a los hijos, tiene muchísima más fuerza la manifestación de vivencias, ya que la transmisión de la fe resulta realmente eficaz cuando se apoya más en comportamientos concretos que en conceptos abstractos. Dicho de otro modo, nuestros hijos se dejan guiar más por lo que hacemos que por lo que decimos. Es precisamente la posible incoherencia entre lo que hacemos y lo que decimos los padres, lo que ha malogrado la educación religiosa de tantos jóvenes.

Volviendo al tema específico de la asistencia a la Misa dominical, cabe preguntarse qué clase de actitudes manifestamos a los hijos cuando les acompañamos a Misa. ¿Llegamos unos minutos antes del comienzo de la Misa para prepararnos a participar dignamente en ella o, por el contrario y como hace demasiada gente, nos acostumbramos a llegar tarde distrayendo a los demás feligreses asistiendo a la Misa? Este menosprecio por la Misa que se manifiesta por medio de esta despreocupación por llegar puntualmente, influye en la importancia que los hijos dan a la Misa. Y, como consecuencia lógica, cuando los hijos se hacen mayores, dejan de valorar la asistencia a la Misa dominical.

Otra actitud importante que transmitimos a los hijos es referente al matrimonio. Si nuestros hijos ven a nosotros, sus padres, vivir nuestro matrimonio con amor, perdón y ayuda mutua, ellos se llevarán un concepto positivo del matrimonio. Se convencerán de que el matrimonio puede ser una de las experiencias más maravillosas de la vida humana.

La incoherencia es el mayor obstáculo para que nuestra transmisión de la fe, dé frutos abundantes en los hijos. Por este motivo, los padres hemos de estar muy sensibilizados ante la posible incoherencia que puede haber entre nuestros actos y palabras.

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