¿Participar o implicarse?

Por Félix García de Eulate • 25 oct, 2009 • Sección: Con ojos de catequista, Opinión

z-foto-eulateUna de las cualidades de los verdaderos catequistas es la estabilidad. Al comienzo de cada curso pastoral se dan, por diversos motivos, altas y bajas. Una catequista que había acompañado a los niños los tres años de preparación para la primera comunión se despidió diciendo: Como ya les he acompañado hasta comulgar, ya me vale. ¿Por qué había dado catequesis? ¿Cuáles habían sido las motivaciones verdaderas?

Algunos se acercan a aprender a dar catequesis para ver si sirven y como se sienten. Otros traen una idea clara al dar respuesta a una llamada que sienten en su corazón. Constatan que tienen las cualidades necesarias. Éstos toman gusto a la catequesis, perseveran y se quedan año tras año.

Una catequista que iba a ser madre durante el curso decía: Déjeme mi grupo, que lo atenderé siempre que pueda. Falló pocas sesiones. Pasado un tiempo venía con su niña en la cuna. Concitaba el cariño, el aprecio y el respeto de los chicos que preparaba para la confirmación. Sus catequesis cobraron una característica familiar y tierna. La que se marchó después de tres años participó meritoriamente en la tarea catequética, pero ésta sigue implicándose.

Participar es tomar parte sumándose a un conjunto de actores de una actividad. Es poner durante un tiempo unas cualidades, una entrega personal, que sin duda es muy meritoria y valiosa. Pero implicarse es comprometerse totalmente con todas las fuerzas, con todo el corazón en un proyecto. El que se implica se responsabiliza, toma como suyas las acciones con todo interés, anima, trabaja, no pone condiciones. En lenguaje popular se diría: “pone toda la carne en el asador” y “se moja”. El catequista vocacionado entra dentro de esta definición.

Un gran catequista, para aclarar la diferencia entre participar e implicarse, recurría a una alegoría. En mi desayuno, decía, he comido un huevo pasado por agua y una loncha de jamón. La que puso el huevo sigue cacareando. Ésta “participó” en mi desayuno. En cambio el dueño del jamón “se implicó” dando su vida. El inicio de un nuevo curso pastoral es el momento de decidirse y comprometerse. Hay que poner en la balanza la generosidad ante la comodidad, la constancia ante la inestabilidad, el servicio ante el egoísmo, la llamada vocacional ante el capricho. Dice Jesús: “El que pone la mano en el arado y mira para atrás, no es apto para el Reino de Dios” (Lc 9, 62).

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