“Los cristianos necesitamos hoy una fe bien fundamentada. Sólo así podremos dar testimonio en esta sociedad”

Por Redacción • 22 nov, 2009 • Sección: Portada

jose-javier-anautLa catequesis es el camino previsto por la Iglesia para que los fieles conozcan, amen y sigan a Jesucristo. En esta larga entrevista, José Javier Anaut Mainz, pamplonés de 45 años y Delegado de Catequesis, Juventud, Vocacional y Universitaria, explica en profundidad la importancia de la catequesis.

¿Por qué la Iglesia le da tanta importancia a la catequesis? ¿Para qué sirve la catequesis?
Por medio de la catequesis la Iglesia procura que sus nuevos miembros conozcan, amen y sigan a Jesucristo, que entren en la nueva vida que Él nos da por medio de la Iglesia. Esto es, evidentemente, muy importante para los destinatarios de la catequesis, que reciben por medio de ella la Buena Noticia de Jesús, y para la propia Iglesia, que cumple así su mandato de transmitir el mensaje de Cristo en la historia. La catequesis, en sus distintas modalidades, es quizás hoy en día la mayor empresa evangelizadora de la Iglesia.

La Iglesia ha ido constatando en las últimas décadas la creciente importancia de la catequesis. Es más necesario que nunca que los cristianos vivamos una fe honda y bien fundamentada, solo así podremos mantenernos fieles a Cristo y dar testimonio de nuestra fe en medio de una sociedad cada vez más global y más plural. Es una obviedad decir que no podemos contar con una fe transmitida a través de la vida social o de la cultura. En este contexto, la comunidad cristiana necesita redoblar sus esfuerzos en dar lugar a procesos de auténtica iniciación cristiana para que “ser cristiano” no sea una mera adscripción sociológica, sino que se descubra y se viva como una auténtica gracia de Jesucristo que nos llama a compartir su vida y su misión. Como decía Juan Pablo II, el fin último de la catequesis es “poner a cada uno en comunión con Jesucristo”. Por eso es importante que comprendamos la finalidad global de la catequesis, que incluye por supuesto la formación doctrinal, pero que también ha de ser escuela de oración, de participación en los sacramentos, de ejercicio de la vida cristiana y de inserción en la comunidad eclesial. Todo esto yo no diría solo que es importante, sino que es vital para transmitir la fe en medio de nuestro mundo.

¿Es aburrida la catequesis por definición?
Más bien podríamos decir que “por definición” la catequesis no es aburrida, es interesante. ¿Era aburrida la predicación de Jesús? La catequesis ha de ser, en primer lugar, fiel a Jesucristo y a su enseñanza, pero también – en cierto sentido – ha de ser fiel a sus destinatarios. En la medida en que somos fieles al mensaje evangélico y conseguimos ponerlo en conexión con la vida de los catecúmenos, la catequesis no puede ser aburrida, ya que – incluso desde un punto de vista humano – estamos tratando de las cuestiones más fundamentales de la vida, donde nos jugamos el sentido de la vida y la felicidad. Esto, por definición, no puede ser aburrido.

Ahora bien, es evidente que muchos niños y adolescentes tienen la experiencia de la catequesis como algo aburrido. Esto hemos de tenerlo en cuenta ya que vivimos en una cultura en la que prima lo “divertido”, por lo que si la catequesis se percibe como algo aburrido, será difícil que sea bien recibida por los niños y adolescentes. También podemos caer en la tentación de procurar que la catequesis sea “divertida” a costa de desnaturalizarla, con lo cual traicionaríamos la finalidad de la catequesis. ¿Por qué a muchos les resulta aburrida la catequesis? Sin duda, puede haber muchas razones. En algunos casos puede ser que los chavales no descubran la relación de la catequesis con su vida. También se constata que el predominio de la imagen, de lo audiovisual y de lo rápido, hace más difícil suscitar la reflexión, el diálogo… Tenemos que hacer un esfuerzo por dar, en cada caso, con el método adecuado; por ejemplo, el método de leer un texto y comentarlo puede resultar muy bien con algunos chavales y a otros puede hacérseles insoportables, pero quizás éstos pueden seguir con interés una explicación del catequista bien preparada o comentar un fragmento de una película… Con niños pequeños quizás podemos trabajar más con canciones… En el método tenemos que ser flexibles y creativos.

Pero, evidentemente, no podemos quedarnos en el método, en las dinámicas, en las actividades… La catequesis también puede ser aburrida por falta de contenido, porque se reduzca simplemente a repetir dos o tres lugares comunes (aunque sean verdaderos). No podemos reducir la catequesis solo a repetir que hay que ser solidarios o que hay que ir a Misa o que Dios nos ama. Por supuesto que todo esto es verdad, pero – especialmente conforme avanza la edad de los catecúmenos – es muy importante hacer una presentación completa y orgánica del conjunto de la fe cristiana. A esto quiere contribuir nuestro Arzobispo Don Francisco con la reciente publicación del libro “100 preguntas para la Confirmación”. El mensaje de Jesús es Buena Noticia para todos, por eso, tenemos que confiar en que una catequesis auténtica es interesante y, por tanto, no es aburrida.

¿Se dan los temas en profundidad o superficialmente? ¿Cómo debe ser la catequesis?
La pregunta está respondida en parte en la cuestión anterior. Los temas hay que darlos en profundidad, lo que – evidentemente – no significa que la catequesis sea una licenciatura en Teología, son cosas distintas. Hemos de tener claro que una catequesis superficial sirve para poco y, además, termina por ser aburrida. A mi modo de ver, tratar los temas en profundidad significa, en primer lugar, ser fiel al mensaje evangélico transmitido por la Iglesia. Significa también concentrarnos en las cuestiones esenciales de la fe y de la vida cristiana. Y significa poner esto en conexión con la vida de los chavales, que el mensaje les resulte “significativo”, que “les diga algo”. Para lograr esto es importante dar con el método adecuado pero, sobre todo, es importante que el catequista sea un auténtico testigo de la fe. Ya Pablo VI, destacaba que nuestra época escucha más a los testigos que a los maestros y que solo escucha a los maestros en la medida en que son, al mismo tiempo, testigos. Hay otras dos cuestiones que me parecen relevantes. En primer lugar, que la catequesis no ha de reducirse exclusivamente al estudio de unos determinados temas. Ha de propiciarse también una experiencia real de la vida cristiana: desde la participación en la Eucaristía hasta la Confesión frecuente, dedicar tiempo a la oración en la catequesis, hacer – según las edades – experiencias de servicio a los necesitados, a los ancianos… Todo esto nos abre un horizonte que va más allá de la sala de reuniones. Creo que hay que trabajar después de la comunión la catequesis unida a las actividades y movimientos cristianos que desarrollan la fe y la educación en valores cristianos en las actividades de tiempo libre. No siempre es fácil llevarlo a cabo, pero me parece importante que tengamos esta visión más global de la iniciación cristiana.

Por otra parte, me parece que es también importante el seguimiento personal de los niños y adolescentes por parte de los catequistas, que no nos quedemos simplemente en una catequesis “por grupos” sino que prestemos una atención personalizada a cada uno de los chavales que se nos han encomendado.

¿Cuáles son los objetivos y retos de la catequesis de la infancia?
El fin último de toda la catequesis es el mismo: “poner a cada uno en comunión con Jesucristo”. Este fin se va declinando luego en función de las distintas edades y circunstancias. En el caso de la catequesis de infancia, el objetivo fundamental es propiciar el conocimiento sencillo y el amor por la persona de Jesús, de Dios Padre y también de la Virgen María. Junto a esto, el aprendizaje de las oraciones básicas, los sacramentos, los mandamientos… iniciar sencillamente en la oración… lo que hemos aprendido siempre y que sirve para toda la vida, aunque posteriormente se profundice más en ello. En esta línea desde la Delegación hemos editado tres cuadernillos complementarios al material diocesano de catequesis de infancia.

A mi modo de ver el reto de la catequesis de infancia es llegar a niños en cuyas familias la vivencia de la fe es muy débil, muchos se acercan solo para recibir la Primera Comunión y luego no vuelven. Este “pábilo vacilante” no podemos apagarlo, pero tenemos que ver cómo aprovechar la oportunidad para hacer ver, a los niños y sus familias, que la fe y la vida cristiana es algo valioso, que merece la pena, que es mucho más que una ceremonia bonita. Un reto importante, en esta línea, lo tenemos en la continuidad de la participación en la Eucaristía dominical y en la catequesis después de la Primera Comunión.

¿Cuáles son los objetivos y retos de la catequesis de la adolescencia y juventud?
La catequesis de adolescencia y de juventud tiene hoy en día una importancia fundamental por varias razones. En gran parte de la sociedad está asentada la idea de que el Cristianismo es algo que está bien para los niños y para los ancianos, pero que tiene poco que decir a los jóvenes y a los adultos. La catequesis en la adolescencia y la juventud han de superar este prejuicio. Si no se acompaña bien el proceso de la adolescencia, se corre el riesgo de que la vida cristiana se deje atrás como simple recuerdo de la infancia. Esto, desgraciadamente, ocurre en muchos casos; sociológicamente está constatado que la gran crisis de fe se produce entre los 12 y los 17 años, con el paso de la infancia a la juventud. Constituye un gran reto para la Iglesia proponer la fe a los adolescentes de modo que asuman el seguimiento de Jesús como el ideal de su vida y lo vayan viviendo en medio de los fuertes cambios personales que viven en esas edades. Personalmente me entusiasma mucho el trabajo con estas edades, porque los adolescentes empiezan a hacerse preguntas, a plantearse las cosas, a buscar qué es lo vale la pena en la vida… Es una época complicada, porque el ambiente les puede mucho, ser diferentes les cuesta… pero también tienen una especial sensibilidad para recibir el Evangelio de Jesús. En estas edades es más importante que nunca el grupo y el acompañamiento personal del catequista y del sacerdote. Son chavales muy celosos de su intimidad, pero que necesitan poder confiarse con alguien, charlar… Es una labor de mucha paciencia, de mucho entusiasmo y que no resulta sencilla, pero que es muy valiosa y en la que muchas veces se viven experiencias preciosas.

Tras la adolescencia, viene la juventud, aunque la frontera entre ambas se ha ido difuminando cada vez más. A mi modo de ver, la pastoral de la juventud ha de atender a tres aspectos fundamentales: formación, vida interior y vocación. En la juventud es necesario proseguir con la formación cristiana tanto en lo que concierne estrictamente a la fe como al diálogo con la cultura de nuestro tiempo, es necesario fundamentar bien la fe y la propuesta cristiana para nuestro mundo. Por otra parte, es muy importante el cultivo de la vida interior, la oración, la participación en los sacramentos, la Palabra de Dios… hay que ayudar a los jóvenes a vivir el encuentro personal con el Señor pues solo Él cambia nuestros corazones, solo Él nos va convirtiendo, es crucial propiciar una auténtica experiencia de Dios. Es fundamental cultivar el amor entrañable a nuestra Madre la Virgen María, fundamento de nuestra vida de piedad. Por último, el joven se encuentra en la etapa de la vida en la que va haciendo sus grandes opciones vitales por eso, desde esa vida interior, es importante que descubra su vida como vocación; Cristo le ha llamado, en primer lugar, a ser cristiano y esto ha de irlo viviendo ya en su vida cotidiana, en su relación con el Señor, en distintos compromisos de servicio a los demás. A partir de ahí, irá descubriendo el camino concreto por el que Jesús le llama a su seguimiento en la Iglesia, sea en el matrimonio, en el sacerdocio, en distintas formas de consagración… Se trata de ir viviendo el seguimiento de Jesús en el camino que Él va poniendo para mí y esto, sin duda, es una tarea apasionante.

La pastoral en la adolescencia y en la juventud muchas veces no es fácil. Es importante que trabajemos en equipo, en comunidad, que cada uno aporte sus capacidades, su carisma, para ese proyecto común que es la evangelización de los jóvenes. Los adolescentes y jóvenes de hoy serán muy pronto, en cuestión de diez o quince años, los padres y madres de familia, los sacerdotes, los misioneros… la Iglesia. Pero es que ya hoy son Iglesia y ya hoy son, muchas veces, evangelizadores de sus amigos, de sus compañeros de clase… En estas edades son cada vez más los jóvenes que se acercan a la Iglesia porque les ha invitado un amigo, este es ya hoy el mejor proyecto de evangelización de la juventud: jóvenes bien acompañados, que poco a poco van madurando en la fe y evangelizan a otros jóvenes.
¿Están bien formados los catequistas hoy, tanto doctrinal como pedagógicamente?
La formación de los catequistas es una tarea constante y, efectivamente, debe atender tanto a los aspectos doctrinales como a los pedagógicos. Hay catequistas muy bien formados y con una inquietud grande en este sentido, pero yo creo que todavía podemos mejorar bastante.

La Delegación organiza desde hace varios años el “Cursillo Básico de Catequistas”, que deberían hacer todos los catequistas de la diócesis. Este cursillo va orientado a dar una formación básica sobre la identidad del catequista y sobre qué es y cómo desarrollar la tarea catequética. Como formación inicial, este curso es fundamental.

Por otra parte, es necesaria una formación permanente tanto en lo doctrinal como en lo pedagógico. Aquí la Delegación ofrece cada año algunas charlas concretas, dirigidas a todos los catequistas, pero también éstos pueden aprovechar las distintas ofertas formativas que se realizan en la Diócesis: desde charlas que organizan las parroquias y diversos grupos de formación hasta el propio Instituto Superior de Ciencias Religiosas.

En todo caso, la mejor formación permanente es quizás la más sencilla. Que en cada parroquia, o incluso entre varias parroquias, haya un grupo de catequistas que se reúnan periódicamente con un sacerdote o laico bien formado (una o dos veces al mes puede ser suficiente) y que, en esas reuniones, se vaya atendiendo a los dos aspectos de la formación. Para la formación doctrinal, puede bastar con ir trabajando el Catecismo con la ayuda de un sacerdote o de un catequista bien formado. Para la formación pedagógica, con ir preparando y revisando los temas en común, incorporando nuevas manera de hacer, colaborando en nuevas iniciativas, acudiendo de vez en cuando a la ayuda de un experto… Creo que este tipo de actividad sencilla, pero constante, es la que va formando poco a poco a los catequistas. Los catequistas y las parroquias pueden contar con la Delegación para ir poniendo en marcha distintas fórmulas de formación.

¿Qué aporta la catequesis que no aporte ya la clase de religión? ¿Cuáles son las diferencias entre la catequesis y la clase de religión?
La catequesis y la clase de religión son dos realidades complementarias pero diferentes. La catequesis, en el marco de la iniciación cristiana, tiene una finalidad global: que los catecúmenos se incorporen a Cristo y a la vida de la salvación en el seno de la Iglesia. Desde ese horizonte debe atender a las distintas dimensiones de la vida cristiana: la formación doctrinal, la participación en los sacramentos y la oración, el ejercicio real de la vida cristiana y la inserción en la comunidad. La catequesis tiene su lugar en el seno de la parroquia como inserción efectiva en la vida de la Iglesia y el catequista es – ante todo – un testigo de la fe que acompaña a los catecúmenos en su iniciación.
La clase de religión es también necesaria. Se ocupa, sobre todo, de procurar un conocimiento profundo de los contenidos de la fe cristiana atendiendo de un modo especial a su relación con el conjunto de los conocimientos transmitidos en el ámbito académico. La clase de religión tiene especialmente en cuenta los aspectos culturales de nuestra fe, en sus diversas manifestaciones que han contribuido de manera decisiva a la configuración de nuestra historia y de nuestro presente. También, en determinados cursos, se estudia el hecho religioso, las otras religiones… Por eso el lugar propio de la clase de religión son los colegios e institutos.

No existe una supuesta educación “neutral”, toda educación transmite explícita o implícitamente una determinada manera de ver el mundo y unos valores. Es muy importante que los padres cristianos hagan valer el derecho que les asiste a que sus hijos reciban una educación conforme con sus convicciones religiosas y morales. Este derecho no se circunscribe a la clase de religión, pero sin duda ésta tiene un lugar insustituible. La catequesis pone el acento en la iniciación integral en la vida cristiana (doctrina, oración, sacramentos, virtudes, vida de la Iglesia); la clase de religión en situar la fe cristiana en diálogo con el resto de los saberes transmitidos en la enseñanza. Dos realidades distintas para atender a dos aspectos complementarios para crecer y madurar como cristiano.

¿Hay interés en el pueblo de Dios por la catequesis? ¿Vive la catequesis un mal momento?
Creo que aquí no puede darse una respuesta general. Por una parte, muchos cristianos valoran mucho la importancia de la catequesis; una de las pruebas está en la cantidad de catequistas que dedican su tiempo y su esfuerzo a esta misión.

Hay que ser realistas, también hay un gran número de cristianos que valoran muy poco la catequesis. Muchos padres que acercan a sus hijos para hacer la Primera Comunión o la Confirmación, entienden la catequesis como un simple requisito que la parroquia les pone para acceder al sacramento e incluso van buscando aquellas parroquias “que les exigen menos”. ¡La gran mayoría no vuelve por la parroquia una vez recibido el sacramento! Esto no podemos asumirlo tranquilamente como algo natural, porque la catequesis no es un simple requisito para recibir un sacramento aislado del resto de la vida. La catequesis, y los sacramentos de iniciación, son “iniciación” a la vida cristiana. Normalmente la valoración de la catequesis va unida a la valoración y la vivencia de la propia fe cristiana. Aquellos que han descubierto la alegría de ser cristianos, los que sienten la vida cristiana como una auténtica gracia son los que más valoran la catequesis. En la medida en que la fe se siente más como una simple “tradición”, como una “herencia”, se percibe menos la necesidad de profundizar en ella y, por tanto, se valora menos la catequesis.

Los primeros que tenemos que valorar la catequesis somos nosotros, los sacerdotes, y los catequistas. La importancia de la catequesis para la transmisión de la fe es cada vez mayor y, por eso, debemos dedicarle la atención y el esfuerzo que se merece. Formar bien a los catequistas, programar y organizar bien el curso, cuidar cada sesión de catequesis, exigir asistencia, puntualidad, respeto, procurar ser cercanos a los chavales y sus familias… Todo esto ha de ir contribuyendo a que también los demás, el resto de la comunidad y las familias, vean en la catequesis una actividad importante. Yo creo que en la catequesis estamos viviendo un momento ilusionante, en el que la Iglesia está prestando cada vez más atención a la iniciación cristiana y en el que cada vez es más palpable cómo la catequesis tiene un lugar muy importante en la tarea evangelizadora de la Iglesia. Precisamente por eso es un momento en el que no podemos contentarnos con seguir haciendo rutinariamente “lo que hemos hecho siempre” sino que todo catequista tiene que cultivar su propia fe, cuidar su formación y su vida interior y sentir el ardor apostólico por hacer llegar con fuerza la Buena Noticia de la Salvación.

¿Debe un catequista vivir conforme a lo que predica? ¿Puede ser “pecador” un catequista?
Evidentemente. Un catequista es, antes que nada, un cristiano. Por tanto, cree la fe de la Iglesia, participa de los sacramentos (especialmente la Eucaristía y la Penitencia), ora y se esfuerza por vivir conforme al Evangelio de Jesús, transmitido por la Iglesia.

El catequista, además, ejerce como “portavoz autorizado” de la Iglesia para transmitir el mensaje de Jesucristo y, por tanto, debe vivir de un modo singular el sentido de la comunión eclesial, desde la unidad con el Papa y con el Obispo hasta la participación en la vida concreta de su Parroquia.

Por supuesto que un catequista puede ser pecador. ¿Acaso los propios pastores de la Iglesia no somos pecadores? Ahora bien, lo que no puede un catequista – como ningún cristiano – es “instalarse” en el pecado, debe vivir en un constante esfuerzo de conversión, de seguimiento de Cristo. Claro que el hecho de ejercer el ministerio de la catequesis supone un “plus” de exigencia y que no puede compatibilizarse con determinadas cosas que suponen un evidente anti-testimonio. Por ejemplo, una persona que no participara en la Eucaristía dominical o que llevara una vida a todas luces incompatible con la enseñanza y la moral de la Iglesia, evidentemente no puede ser catequista. Ahora bien, precisamente la experiencia nos enseña que para muchos catequistas el hecho de serlo supone un revulsivo para su vida cristiana, para formarse más, para rezar, para ser más coherentes… Esta es una experiencia muy frecuente.

¿Cómo deben implicarse los padres en la catequesis de sus hijos?
Este es un tema muy importante. Los padres son los primeros educadores en la fe de sus hijos, esta misión les corresponde por el sacramento del Matrimonio y por el compromiso que adquieren cuando piden el Bautismo para ellos.

Antes de hablar sobre la implicación “en la catequesis” yo hablaría de ocuparse de la transmisión de la fe a sus hijos. El primer punto, en este sentido, pasa por la simple vivencia de la fe en la familia. Una familia en la que la fe cristiana y la coherencia de vida es algo importante en la vida cotidiana, en la que se participa en la Eucaristía, se reza, se valora la Iglesia, se celebran las fiestas cristianas… Una familia en la que se vive con naturalidad y consistencia la fe, es un medio en el que se va madurando normalmente en la fe. Los padres tienen que dar mucha importancia a su propia misión en la educación cristiana de sus hijos, no es algo que puedan descargar sencillamente en la parroquia o en el colegio.

La tarea comienza ya desde bien pequeños y, en este sentido, la Delegación de Catequesis se lleva varios años trabajando en el llamado “despertar religioso”, dirigido a familias con niños menores de seis años. Este proyecto está resultando una experiencia muy positiva que conviene ir extendiendo.

En cuanto a la catequesis, para empezar, los padres deben valorarla; darle su importancia, también frente a las actividades extraescolares. Por otra parte, puede ser una buena idea comentar en casa el tema que se ha tratado en catequesis; según la edad de los chavales esto nos puede llevar incluso a tener con ellos un diálogo interesante. Es bueno también que los padres mantengan una relación fluida con el sacerdote y los catequistas.

Otro apoyo importante estará también el facilitarles y animarles a participar en las actividades de la Parroquia más allá de la reunión de catequesis. En los niños pequeños puede ser ir con ellos a la “Misa de las familias” que existe en tantas parroquias, aunque nos suponga madrugar un poco más. En los que son más mayores quizás, animarles a participar en unas convivencias o ajustar las vacaciones para que puedan ir a un campamento…

No creo que sea necesario dar muchas recetas. Lo más importante es que los padres vivan y aprecien su fe cristiana y se den cuenta de que sus hijos necesitan de su ayuda y de la de la Parroquia para ir creciendo en la fe. A partir de ahí y manteniendo un contacto fluido con el sacerdote y los catequistas, los padres van viendo lo que es conveniente en cada caso.

¿Qué proyectos tiene la delegación de catequesis (de formación, actividades, etc.)?
La labor fundamental de la catequesis se realiza en las Parroquias. En consecuencia, el papel de la Delegación consiste sobre todo en promover la comunión y apoyar la labor que se lleva a cabo en las Parroquias. El pasado mes de agosto fue publicado el libro “100 preguntas para la Confirmación”, que nuestro Arzobispo D. Francisco ha establecido como texto básico para la preparación de los jóvenes para recibir el Sacramento de la Confirmación, pero también como referencia para tenerlo en cuenta en cualquier proceso catequético. Se trata de favorecer un conocimiento más profundo, completo y nítido de las verdades fundamentales de la fe cristiana. El texto ha tenido una muy buena acogida, de hecho se han distribuido ya más de 4000 ejemplares e incluso hemos recibido llamadas desde otras diócesis interesándose por el material. D. Francisco encomendó a la Delegación hacer realidad que “100 preguntas para la Confirmación” sea la referencia de todo el proceso catequético en nuestra Diócesis y, en este momento, hemos impulsado este trabajo.

Pero sobre todo ello, en septiembre publicamos ya un nuevo material para trabajar en la catequesis de Confirmación con adolescentes. Se titula el Don del Espíritu Santo. Recoge los materiales que ya se publicaron con D. Fernando Sebastián, nuestro Arzobispo emérito, y que ahora se han completado y adaptado pedagógicamente en un proceso de dos años. Allí se hace referencia a este libro de las 100 preguntas como una síntesis después de que se explica el tema catequético. Junto a ello también estamos preparando un juego de mesa tipo “trivial” y algún material audiovisual para facilitar la utilización de “100 preguntas” en la catequesis de adolescencia.

En cuanto a la catequesis de infancia, hemos editado unos materiales complementarios para la Catequesis de Primera Comunión en 3º y 2º de Primaria, de 7-9 años y estamos preparando otro dirigido a los niños de entre 9 y 12 años. Creo que son un buen apoyo catequético, nacido del trabajo de sacerdotes y catequistas de la diócesis, que lo han ido experimentando en sus parroquias y que han sido muy bien acogidos y valorados.

Por otra parte, vamos a seguir con los talleres pastorales con sacerdotes de las distintas vicarías. Estaremos con el nuevo Vicario General, D. Juan Aznárez y con D. Francisco Javier Ahechu. Seguimos así juntos el gran trabajo que se ha hecho durante estos años, bien dirigido y alentado por él y por D. Luis Oroz, anterior Vicario. Justamente el curso pasado se pensó trabajar una vez al mes la iniciación cristiana en la primera comunión y en ello estamos. La formación de catequistas está centrada en el cursillo básico y en las charlas de formación que como todos los años vamos proponiendo. Y todo ello tiene su culmen en el Día del Catequista que cada año congrega a más de 500 de ellos. Y este curso pastoral tendrá lugar el 27 de febrero del 2010.

¿Hay que superar el modelo de una catequesis orientada sólo a sacramentos?
Efectivamente. Desde hace muchos años la Iglesia viene insistiendo que es necesario superar una catequesis orientada exclusivamente a los sacramentos; incluso en el lenguaje, se prefiere hablar de catequesis de infancia, de adolescencia, de juventud… y no de catequesis de Primera Comunión o de Confirmación. El Directorio General de la Catequesis recuerda que la catequesis está estrechamente vinculada a los sacramentos de iniciación. Pero esto no significa que sea una mera preparación para recibir esos sacramentos.

La catequesis es “catequesis de iniciación” a la vida cristiana. La catequesis tiene que ayudar a los niños, a los jóvenes y también a los adultos – cuando es el caso – a conocer mejor a Jesucristo y a profundizar y vivir el mensaje del Evangelio transmitido por la Iglesia, tiene que enseñar a orar y ayudar a caminar en la vida cristiana y en la participación en la vida y misión de la Iglesia. Esta es una tarea que no se agota en dos o tres años que se dediquen a preparar un sacramento, sino que es preciso se vaya realizando al mismo tiempo que el crecimiento y la maduración humana.

Es necesario prepararse bien para recibir la Primera Comunión. Pero el horizonte de la tarea catequética no debe quedarse solo ahí, sino en promover el conocimiento, el amor y el seguimiento de Jesucristo. La mejor preparación para los sacramentos es ir avanzando en la vida cristiana y esto es un proceso continuo. En todo caso, como decíamos antes, muchos padres o jóvenes se acercan a la catequesis para acceder a un sacramento. No podemos caer en ofrecer “servicios a la carta” sin conexión real con la fe y con la vida cristiana. Sin embargo, sí debemos valorar mucho esta realidad como ocasión para una auténtica tarea evangelizadora.

¿Se han pensado fórmulas para la formación permanente catequética de los cristianos?
Hemos hablado mucho hasta ahora de la catequesis de iniciación en niños y jóvenes. En la Diócesis está en marcha también el Catecumenado de Adultos que se preparan para recibir el Bautismo. D. Santiago Cañardo acaba de publicar unos materiales muy buenos para este proceso. Sin embargo, te refieres ahora a la formación permanente, que es un tema distinto. En los últimos años se ha ido tomando conciencia de manera creciente de la necesidad de una formación permanente en todos los ámbitos, entre los sacerdotes, entre los religiosos y también entre los laicos. Es necesario cultivar permanentemente la fe, ir profundizando, tener criterios sobre las nuevas realidades que nos van tocando vivir… Esto lo entienden muy bien los jóvenes cristianos, que ven cómo es necesario continuar su formación para conservar y transmitir la fe en su entorno de amistades, en la Universidad o en el trabajo. En el campo de los adultos podemos mejorar mucho. Hace un par de años se presentó el nuevo catecumenado adultos y existen algunos grupos, en muchas parroquias existen algunos grupos bíblicos o de oración… Son iniciativas en las que hay que ir trabajando pero hay que reconocer que actualmente son todavía minoritarias. La herramienta con la que llegamos a un mayor número de personas son las homilías, por lo que es preciso cuidarlas mucho. También existen parroquias con experiencias muy positivas en el trabajo con los padres de los niños y jóvenes que acuden a la catequesis parroquial, donde se trabaja con ellos junto a otros matrimonios catequistas. En estos últimos años están naciendo en nuestras parroquias grupos de matrimonios y novios con mucha ilusión. El Papa Benedicto XVI animaba el verano pasado a los sacerdotes de Belluno (Italia) a acompañar muy cerca, sobre todo los 10 primeros años, a los matrimonios jóvenes y a su vez preparar bien a los jóvenes a este sacramento. Creo que esta es una buena llamada y una gran realidad de formación permanente en nuestros ambientes…

Este es un tema importante que no podemos dejar, hay que suscitar esta inquietud e ir buscando fórmulas realistas para que muchos más cristianos puedan participar de una buena formación permanente. Aquí es muy importante la labor de los sacerdotes de las parroquias y también que vaya habiendo catequistas laicos bien formados para acompañar a adultos.

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