Cristo Rey

Por Juan Apecechea • 22 nov, 2009 • Sección: A la luz del Evangelio, Liturgia

z-foto-apecechea“¿Eres tú el rey de los judíos?”

La gente más noble y sencilla sintió una profunda admiración y simpatía hacia Jesús. Lo admiraba por su palabra y sus acciones: “¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos le obedecen!” (Mc 1, 27). En un arrebato de entusiasmo, algunos pretendieron aclamarlo como rey; pero Jesús lo rechazó, “retirándose al monte, él solo” (Jn 6, 15).

A pesar de ello, fue acusado de pretender ser rey y enemigo del César (Jn 19, 12). Es impresionante ver hoy frente a frente al artesano de Nazaret y al representante del imperio más poderoso de la tierra. El mandatario romano va directamente al grano: “¿Eres tú el rey de los judíos?” De tal manera quedaron grabadas estas palabras en la memoria de la primitiva tradición cristiana, que fueron recogidas en los cuatro evangelios (Mc 15, 2; Mt 27, 11; Lc 23, 3; Jn 18, 33).

La vida o la muerte de Jesús dependían de su respuesta a la pregunta del gobernador. El momento era crucial, pero mantuvo la misma firme actitud que en otra ocasión anterior sobre su muerte: “Estoy profundamente abatido. Pero ¿acaso voy a pedir al Padre que me libre de este trance? De ningún modo, porque he venido precisamente para aceptar este momento” (Jn 12, 27-28). Y habló claro.

“Mi reino no es de este mundo”

Jesús respondió serenamente: “Sí, soy rey”. Pero ¿cómo hacer comprender a aquel mandatario pagano la naturaleza de su reino? Pilatos ignoraba que Jesús había rechazado desde un principio el poder y la gloria de los reinos del mundo que el tentador le había ofrecido (Lc 4, 6-8).

Tampoco sabía que un día había dicho a sus discípulos, que él no había venido a ser servido, sino a servir (Mc 10, 45). Hoy Jesús pronuncia ante él una frase lapidaria, que será una referencia señera en la historia del cristianismo: “Mi reino no es de este mundo”.

He ahí frente a frente los representantes de dos modelos de reinado. Jesús es el rey de la verdad: Pilatos, el comisario de la falsedad. Jesús, el rey de la justicia: Pilatos, el apoderado de la injusticia. Jesús, el rey del servicio: Pilatos, el representante de la tiranía. Jesús y sus seguidores se proponen implantar el reino de la verdad, de la justicia y del amor en el mundo.

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