Espacios celebrativos

Por Alfredo López Vallejos • 22 nov, 2009 • Sección: El marco de la fe celebrada, Liturgia

z-foto-vallejosHacía una reflexión, en mi última colaboración, sobre la arquitectura litúrgica. La realidad es que se me aceleró el teclado del ordenador, porque la intención inicial era la de responder a un arquitecto para más señas, que reconocía muy profesional, honrada y modestamente, que así como cualquiera no podía pretender ser especialista en cálculos y resistencias de materiales, tampoco ella lo era en liturgia, en celebraciones y vivencias sacramentales.

Se interesaba por las situaciones de una comunidad cristiana, desde las más habituales, hasta las más excepcionales; sobre los elementos fundamentales e imprescindibles de la celebración; sobre la simbología más valorada y significante; sobre el resto de componentes más circunstanciales, etc. Nos dio oportunidad para dedicar toda una sobremesa y la tarde entera a una reflexión cristiana. Qué es la fe, la Iglesia, la asamblea celebrante y el templo material, como casa de la comunidad y expresión de un pueblo que celebra su encuentro con el Resucitado y se siente en camino hacia una trascendencia que, de algún modo, se hace presente en la liturgia.

Aterrizando en lo concreto, hablamos del lugar de la asamblea, de la importancia de la acústica tanto en la vivencia de la fe cristiana, como en el ámbito celebrativo -“la fe nace de la escucha” (Rom.10,17)- y de la iniciación a la fe, y los locales correspondientes que la hagan posible. Hablamos de la relevancia del altar como lugar, signo y realidad fundamental, por cuanto representa de sacrificio, entrega y donación de Cristo, esencial en toda nuestra espiritualidad cristiana, así como del sentido complementario de participación festiva en la mesa del Señor. Quedó muy subrayada la preeminencia de la Palabra de Dios en el seguimiento de cuantos participamos en la celebración, y el ambón, lugar reservado en exclusividad para ella, adecuando otro lugar menos relevante para avisos, devociones, dirección de cantos, etc. Mencionamos la Sede, donde se destaca la presidencia de Cristo en la persona del ministro ordenado.

Pero con ser los más importantes, no se limitan al presbiterio los espacios y elementos indispensables para una vivencia litúrgica de la fe. Está, además, el lugar emblemático para la reserva eucarística y la capilla penitencial o el entorno digno y significante de la pila bautismal, lógica, normal y significativamente vinculado al ingreso al aula de la celebración. El lugar de la cantoría y de la misma consola del órgano que no debe estar desvinculado ni alejado del ámbito celebrativo. Incluso hablamos de la misma torre o elemento exterior visible, distintivo e identitario del edificio, con un destino específico, religioso, cultural y cristiano.

Comparte este artículo
  • e-mail
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • TwitThis
  • Digg
  • Meneame
  • del.icio.us

Los comentarios están cerrados.