Con luz cegadora
Por Antonio Rojas • 12 ene, 2010 • Sección: No te rindasSi en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956 se dio cita un buen número de estrellas, una que brilló con luz cegadora, fue la bella gimnasta soviética de casi veintidós años Larissa Latynina.
Nace el 27 de diciembre de 1934 en Gerson, Ucrania. Se inicia en la gimnasia a los trece años y hasta los diecinueve no consigue formar parte del equipo nacional.
Dos años después se casa y casi en plena luna de miel tiene que comenzar su preparación para los Juegos de Melbourne. Una vez allí, Latynina asombra a los espectadores por la perfección de sus movimientos logrados a base de tesón en innumerables horas de entrenamiento. Su triunfo es total: cuatro medallas de oro, una de plata y una de bronce.
En 1959 es madre por primera vez, con la particularidad de que Larissa da el pecho a su hija, Tatiana, que -tratándose de una gimnasta- no es nada frecuente, máxime si tenemos en cuenta que al año siguiente tiene un importante reto en Roma.
Ya estamos en la capital italiana y la joven madre vuelve a asombrar con la perfección y gracia de sus movimientos. De nuevo triunfa totalmente: tres medallas de oro, dos de plata y una de bronce. Dos años después, Larissa es madre por segunda vez y de nuevo decide amamantar a su hijo. Cuando se celebran los Juegos Olímpicos de Tokio, en 1964, Larissa Latynina tiene treinta años y dos hijos, algo totalmente inusual dentro de la gimnasia actual. A pesar de ese hándicap, la formidable gimnasta soviética es una de las grandes figuras de los Juegos al vencer a competidoras a las que dobla en edad. Por tercera vez triunfa: dos medallas de oro, dos de plata y otras dos de bronce.
¿Cuál es su secreto? Larissa era la acción. Sabía que la inacción lleva al aburrimiento del vivir. En Niebla, de Selma Lagerlöf, se refleja el alma del protagonista que se aísla del mundo después de la experiencia de la guerra. Renuncia a la lucha por la vida y a la colaboración por el bien de los demás; busca la comodidad como base de su propia dicha. Pero… termina loco.
Larissa Latynina nunca renunció a la lucha por la vida, por eso siguió en activo hasta los treinta y dos años dejando un balance impresionante. Consiguió lo que ninguna mujer y sólo dos hombres han podido hacer: ganar nueve medallas de oro olímpicas y un total de dieciocho.
