Catequesis desde los acontecimientos
Por Félix García de Eulate • 24 ene, 2010 • Sección: Con ojos de catequista
Habéis visto qué terremoto más devastador ha habido en Haití? Ésta fue la primera frase de inicio de la catequesis con los de la continuada la semana pasada. La catequista, antes de rezar y comenzar la sesión ya había provocado un tema vivo, de interés, comprometedor, entre sus chicos. Esta capacidad de iniciativa nace de una buena pedagogía, del interés, del celo y en definitiva del amor de la catequista para que el mensaje del Evangelio vaya calando al compás de los acontecimientos. Ésta es una catequesis encarnada en la historia, que es bueno aprovechar, haciendo un paréntesis en la programación oficial.
El problema que se iba a presentar ya lo tenía preparado nuestra catequista. Todos contaban muy sensibilizados cómo habían visto en la tele la destrucción, el horror y dolor de la gente. La pregunta estaba servida: ¿Por qué el dolor? Es una pregunta eterna y universal de la humanidad. Es el misterio del mal. ¿Cómo Dios, siendo Padre bueno lleno de amor, permite estas desgracias? Tema difícil para que los niños capten una respuesta convincente desde la fe. La catequista se atrevió con el tema. Los chicos ya tenían doce años y podían entender bastante. Ella quería dejar claro que el mal acompaña la existencia del ser humano sobre la tierra, que Dios no quiere el sufrimiento, que tenemos que trabajar para quitar todo el dolor que podamos, que hay males inevitables y que Jesucristo, el Hijo de Dios, sufriendo por nosotros ha dado la respuesta a este misterio.
Enseguida diferenció los males que vienen irremediablemente por la imperfección de la naturaleza y los que producen los hombres por su irresponsabilidad y maldad. Les contó su experiencia cuando estuvo en las misiones en un hospital de niños lactantes desnutridos. Les enseñó fotos de aquellos “niños flaquitos”. Les propuso como el mejor de los modelos de solidaridad con la humanidad a Jesucristo, que pasó haciendo el bien, curando a los enfermos y sufriendo por nosotros la muerte en la cruz, dando así sentido al sufrimiento.
Llegó el momento del compromiso práctico. ¿Y vosotros qué estáis dispuestos a hacer cuando hay desgracias, sufrimiento y dolor? Los chicos contaron sus experiencias llenas de generosidad. Varios decidieron romper las huchas que tenían y dar todo a Cáritas para Haití. La catequista terminó sacando un libro de “Cien oraciones de la familia” y rezó con sus chicos por los misioneros “pobres entre los pobres, que dan el corazón, la vida, el pan, las medicinas, la escuela, como señales ciertas del evangelio que anuncian”.
