Catequesis desde las misiones
Por Félix García de Eulate • 31 ene, 2010 • Sección: Con ojos de catequista
La catequista de continuada provocó una catequesis desde los acontecimientos aprovechando las terribles noticias sobre el terremoto de Haití. Después, en la reunión conjunta de catequistas, contó su experiencia. Un veterano catequista de confirmación, que sabe aprovechar como nadie la sensibilidad de los chicos ante acontecimientos dolorosos, dijo que él ya había hecho muchas catequesis sobre sequías, tsunamis, hambrunas, tornados, epidemias, varios terremotos en diversos lugares y también sobre persecuciones y el martirio de misioneros. Ahora, ante el terremoto de Haití, quería transmitir a su grupo el amor y apoyo a las obras misionales de la Iglesia. Su pregunta provocadora era: ¿Por qué pensáis que entregan su vida los misioneros?
La sorpresa de los chicos fue morrocotuda cuando al llegar al aula de catequesis se encontraron con una monja de edad avanzada, de hábito totalmente blanco, con una simpatía espontánea y una mirada dulce. Era enfermera y maestra. Había estado cerca de cuarenta años en diversas naciones del tercer mundo. Les contó cómo nació su vocación, cuando al terminar los estudios de enfermería, durante un verano, fue voluntaria a trabajar en la amazonía peruana. Allí vivió las diversas pobrezas de la gente y se sintió interpelada por la entrega generosa y alegre de los misioneros. Son los que están siempre, a todas horas, durante toda su vida, viviendo las mismas circunstancias de penuria de la gente, pobres entre los pobres. También explicó que la entrega se puede hacer por altruismo o por amor a Jesucristo. Ella había ido en principio por altruismo, con el ánimo de ayudar al hermano necesitado. Pero esta motivación no le sustentaba suficientemente. La entrega total le asustaba y vio que sólo podía apoyarse en el amor, desde Cristo a los hermanos. Es lo que, han contado las hermanas de Haití, se cumplió en el vicario general que tenía en sus manos la Eucaristía cuando rescataron su cadáver.
Una chica del grupo le preguntó: ¿Hay posibilidades de hacer una experiencia inicial como la que ud. hizo? Claro que sí, dijo la religiosa. Todos los años se prepara gente en grupos sensibilizados con las misiones para ir a echar una mano en vacaciones. ¿Nació allí una vocación misionera? Posiblemente. La monja remachó el tema diciendo: Dar dinero, dar cosas, rezar por las misiones está muy bien, pero darse a sí mismo para siempre, con total generosidad y alegría es lo máximo que puede hacer una persona. “Hay que reconocer la validez de las diversas formas de actividad misionera; pero, al mismo tiempo, es necesario reafirmar la prioridad de la donación total y perpetua a la obra de las misiones” (RM 79). o

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