Ciclo C. Evangelio de Lucas

Por Alfredo López Vallejos • 28 feb, 2010 • Sección: El marco de la fe celebrada

Me refería, en una reciente colaboración, a los tres ciclos litúrgicos que se van alternando en la liturgia dominical. Un perspicaz lector se interesaba por las razones o motivaciones por las que han sido asignados a los evangelios de Mateo, Marcos o Lucas, ¿por qué a esos tres? Y cuándo se leería el de san Juan. Agradezco el interés de este amable comunicante porque ello me da ocasión para completar algunos aspectos importantes sobre el particular.
Para comenzar, ¿cómo saber el ciclo que estamos celebrando?, o lo que es lo mismo, a qué ciclo corresponde un año determinado. Muy sencillo, basta sumar las cifras del año en cuestión, si el resultado es múltiplo de tres, corresponde al ciclo C, lo que equivale a decir que el año precedente al año en cuestión sería B, y A el siguiente al planteado, y así sucesivamente. Por ejemplo: el año 2010 da una suma de 3, que corresponde al ciclo C, por tanto el 2009 fue B y el 2011 será A; el año 3412 da una suma de 10 que corresponde al ciclo A, porque el año anterior era múltiplo de 3, equivalente al C. Se trata de una lógica matemática muy elemental. De hecho, cuando se comenzó con esta ordenación de los tres ciclos en el año 1970, ante la extrañeza de muchos, se comenzó con el ciclo B, en lugar de hacerlo con el A, como hubiera parecido normal; la razón no era otra sino la de iniciar desde ese primer momento, con esa lógica; el año 1971, múltiplo de tres, ya fue C.
Después de la lógica matemática, la razón teológica o bíblica. Resulta perfectamente sabido que los evangelios son cuatro, ¿por qué sólo Mateo, Marcos y Lucas en la asignación de los tres ciclos?, ¿por qué se elimina a san Juan? En los tres evangelios mencionados existe una gran vinculación que los hace tan afines, que, aun con sus diferencias y características propias de cada uno, fácilmente podrían sintonizarse: de ahí su nombre de “sinópticos”. El evangelio de san Juan presenta rasgos absolutamente propios que lo hacen del todo diferente y el más teológico de los cuatro, por eso se reserva para las fiestas más importantes de los tres ciclos y para completar algunos domingos del ciclo B asignado a Marcos, que resulta algo más breve.
Dejando aparte san Juan y aun siendo bastante similares los “sinópticos”, cada uno tiene su matiz, que lo hace tan particular y sugestivo, que merecería dedicarles una atención especial al comenzar la lectura de cada uno de ellos. Lucas, en concreto, es el evangelio más ordenado, escrito para los paganos, el evangelio que destaca la misericordia de Jesús con los pecadores, que insiste en la ternura de Jesús y en la necesidad de la oración. En este evangelio, lo mismo que en los Hechos, destaca especialmente la acción del Espíritu Santo.

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