El uso de la palabra matrimonio
Por Robert Kimball • 28 feb, 2010 • Sección: Evangelizar en y desde la familia
En anteriores ocasiones hemos comentado que el uso de determinadas palabras en situaciones concretas de la vida es consecuencia de una manipulación del lenguaje con la que algunos sectores de la sociedad pretenden inculcar su ideología y valores. Un ejemplo muy ilustrativo que se comentó en un número anterior de “La Verdad” es el uso de la palabra “novio/a”, que lejos de referirse a una relación estable o compromiso por amar a otra persona, se ha convertido en un eufemismo para señalar el inicio de las relaciones sexuales, incluso entre jóvenes de 13 ó 14 años.
Si resulta preocupante esta manipulación del lenguaje por el uso indebido de ciertas palabras, no es menos preocupante que algunos términos claves para la fe cristiana hayan desaparecido prácticamente del vocabulario actual. Me refiero concretamente al uso de la palabra “matrimonio”, que se ha visto desplazado por las palabras “pareja”, “compañero/a”, etc. Que determinados colectivos sociales hostiles al concepto del matrimonio lo hayan dejado de utilizar en sus intervenciones públicas, no debe sorprender a nadie. Lo que sí sorprende es que un número creciente de católicos practicantes parecen huir de la palabra “matrimonio” para sustituirla por “pareja”. ¿Porqué tiene la palabra “matrimonio” cada vez menos defensores?
La Iglesia Católica siempre ha defendido el concepto del matrimonio a través de numerosos documentos. Por citar solamente dos ejemplos: “La Iglesia ve en la presencia de Jesús en las bodas de Caná la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1613); y “La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar.” (Gaudium et Spes, 47.).
Si el matrimonio encierra una riqueza insondable que se remite al amor divino, ¿por qué no nos comprometemos las familias cristianas a defender la gran importancia y relevancia del matrimonio como garantía de un futuro esperanzador para la humanidad? Y podemos empezar por emplear la palabra “matrimonio” en todas nuestras conversaciones y de manera especial, cuando nos dirigimos a los alejados. Este pequeño esfuerzo por nuestra parte sería un paso importante para transmitir la alta estima y gran aprecio que sentimos las familias cristianas hacia el matrimonio.
