La catequista de pueblos pequeños (I)
Por Félix García de Eulate • 28 feb, 2010 • Sección: Con ojos de catequista
Soy una catequista de pueblos pequeños y veo que nunca aparece una mención sobre nosotras”. Este mensaje electrónico provoca que contemos su historia, que será muy parecida a la de muchas otras.
Se trata de una madre de familia cuyos hijos llegaban a la edad de la primera comunión. Con suerte pilló un día al párroco de su pequeño pueblo cuando salía de la iglesia y estaba a punto de correr a celebrar misa a otro pueblo. Le preguntó: tengo la primera hija en edad de catequesis de primera comunión, luego vendrán otros, ¿qué puedo hacer? El párroco, “multiparroquial”, lo tenía todo muy bien organizado de modo que concentraba esta tarea en el pueblo que es cabecera de la unidad parroquial. Pero no tenía catequista para el nivel de precomunión. Tú podrías hacerlo porque estás muy preparada, le dijo. Pero, se excusó ella, mi trabajo de secretaria en una empresa y mi familia y mis otras muchas ocupaciones no me dejan tiempo. Trata de organizarte, respondió el párroco, deseo que tu respuesta sea positiva.
La vocacionada se lanzó con ilusión a algo que no pensaba iba a llenar su vida de sentido y a darle tantas alegrías. Lleva doce años dando catequesis de varios niveles a pequeños grupos. Ahora tiene once en comunión y siete en confirmación. Llegan de todos los pueblos traídos por sus padres al centro de catequesis. Durante la catequesis el párroco aprovecha para estar con los padres un rato distendido, rezando un poco, hablando de muchos temas familiares que les preocupan, mientras toman un café. Así se conocen las familias entre sí. Se hacen amigos. Se termina formando en la unidad parroquial una sola comunidad, que es referente para todos. También nuestra catequista se ha convertido en un referente para las familias. Con ella pueden hablar todos los días de la formación religiosa de los hijos. En torno a ella se aglutinan los creyentes de la comarca en sus festejos y celebraciones.
Como consecuencia de su compromiso en la catequesis, colabora con el párroco en la preparación y realización de celebraciones. En su ausencia realiza algún servicio litúrgico “con preparación y dignidad”. (Cf. Ordenamiento de la Pastoral Parroquial de Pamplona-Tudela, 46 y 59) “Necesito formarme más” es su constante petición. Por eso acude a todas las convocatorias diocesanas de encuentros, formación y celebración para catequistas. Se cumple en esta catequista el deseo del Concilio Vaticano II que dice: pastores y fieles deben colaborar “unánimemente en la obra común” (LG 30) Todos participan de la misma tarea, cada uno en su lugar, siguiendo su propia vocación (AA 3). o
