Profesión
Por Zubiría • 22 mar, 2010 • Sección: Altius, clarius, fortiusEs de pocos conocidos que para la Organización Internacional del Trabajo, el trabajo más peligroso del mundo es el de pescador. Es de pocos conocido porque, supongo, cada vez hay menos personas que trabajan (que es otra forma de reducir los accidentes laborales). En cualquier caso, a los pescadores siguen en la lista, los leñadores y los pilotos.
En ninguna lista salen las dos profesiones más peligrosas del mundo realmente: la maternidad y la paternidad. Infinidad de personas relacionadas con el estado y con la seguridad del estado (en su sentido amplio) vigilan a cada padre y a cada madre para controlar lo que hacen con sus hijos. Para una madre es conducta considerada de riesgo quedarse embarazadas: inmediatamente recibirán el aviso de ginecólogos, enfermeras, parientes cercanos y estúpidos varios que les recordarán que no son “conejas” y que nos vamos a morir todos de hambre si sigue teniendo hijos (especialmente si pasa del primero). Su inmensa imbecilidad les hace olvidar que sus pensiones se las van a pagar esos niños (no el estado) y que si no hay niños no habrá pensiones. Para un padre puede ser de alto riesgo dar una coca a su hijo, impedirle llegar de fiesta de madrugada o si es pequeño hacerle una foto (como le pasó recientemente a Kevin Geraghty-Shewan en Sunderland) porque le pueden acusar de pederastia. También es de riesgo decidir qué tipo de educación sexual, moral o religiosa va a dar a sus hijos. Para el obsesivo y creciente estado el único deber de los padres es engendrar a sus hijos y olvidarse de ellos. En esta espiral de estupidez, a veces caen los padres. Como en ese colegio del norte en el que los padres piden educación sexual para sus hijos de doce años, con la condición de que no estén presentes ningún padre y ningún otro profesor (para no incomodarlos). Sus hijos se los comerán con patatas. Al tiempo.
