¿Has pensado en vivir como un cura? Día del Seminario 2010
Por La Verdad • 23 mar, 2010 • Sección: Portada
Como todos los años, en torno a la fiesta de San José celebramos en nuestra Diócesis el Día del Seminario, jornada especialmente centrada en la oración por esta entrañable institución y en el apoyo material y moral a la misma.
En el presente curso ha comenzado su labor en el Seminario de Pamplona un nuevo equipo de formadores, constituido por Miguel Larrambebere (rector), Eduardo Azcoiti (formador) y Juan Mari Madoz (director espiritual), que sustituyen a quienes en los últimos años han desempeñado con entrega y dedicación estos cargos: Juan José Rubio, Mikel Garciandía y Agustín Elizalde, respectivamente. Este último sigue vinculado al Seminario en su condición de confesor ordinario. En el curso pasado concluyeron también su abnegada y meritoria labor en la casa quienes han sido las madres de este hogar desde el 30 de abril de 1936, las religiosas Franciscanas de Nuestra Señora del Buen Consejo.
El Seminario, institución de la Iglesia diocesana directamente vinculada al Obispo, aspira a ser la actualización de la experiencia formativa que el Señor realizó con los Discípulos. En nuestro caso, esos “discípulos” superan el número de doce, pues en el Seminario tenemos actualmente catorce seminaristas, procedentes de diversos sectores del mundo académico y laboral y cuyas edades oscilan entre los 22 y 50 años. En el sexto y último curso, tres diáconos están dando sus últimos pasos en la casa: Francisco Javier Aramendía Viana (natural de Estella, con destino pastoral en el Valle de Allín), Jesús Echeverz Carte (natural de Villava, en la parroquia del Corazón de Jesús de Pamplona) y Santiago Garisoain Otero (natural de Pamplona, en la parroquia de Santa Teresa de la misma ciudad y en Urroz Villa). La próxima ordenación presbiteral está convocada para el domingo 4 de julio en la Catedral de Pamplona. En el curso siguiente tenemos a Juan Tejero Ariño (natural de Barañain, con destino pastoral en la parroquia de El Salvador de Pamplona).
En 3er curso están Javier Aldave Arbea (natural de Pamplona, con destino pastoral en Elizondo), Íñigo Beunza Sola (de Pamplona, pastoral en Los Arcos), Federico Ibaibarriaga Lacasa (de Pamplona, pastoral en San Miguel de Estella), Germán Martínez Laparra (de Falces, pastoral en Obanos), Guillermo Navarro Úbeda (de Pamplona, pastoral en Corella) y José Luis Orella de Anitua (de Pamplona, pastoral en Nuestra Señora de la Esperanza de Zizur Mayor).
Finalmente, en el 1er curso tenemos a José Antonio Apecechea Escudero (Goizueta), Javier Domínguez Fernández (Barañain), Íñigo Serrano Sagaseta de Ilúrdoz (Sesma) y Alejandro Zuza Ruiz de Alda (Pamplona). Estos seminaristas colaboran en la labor pastoral de la capellanía del Hospital de Navarra.
Además del trabajo pastoral del fin de semana, al que hemos aludido, los aspirantes al sacerdocio reparten el tiempo con arreglo al siguiente horario. El primer acto del día es la oración personal en la capilla, a las 7’15 de la mañana, seguida por la celebración de las laudes y la misa, a las 7’45. Tras el desayuno, los seminaristas pasan la mañana en las clases que se imparten en el Centro Superior de Estudios Teológicos. La comida tiene lugar a las 14’00 y la tarde, desde las 16’00, se dedica al estudio personal en la habitación. Antes de la comida o a última hora de la tarde se realizan otro tipo de actividades formativas complementarias y a las 21’00 se rezan las vísperas. Los miércoles por la tarde hay un espacio amplio para el ejercicio físico y los jueves por la tarde para la Adoración eucarística. A las 21’30 se cena y a las 22’30 se cierra el día con el rezo de la oración de completas. Al atardecer del domingo, coincidiendo con el regreso al Seminario después de la actividad pastoral del fin de semana, recibimos la visita de algún sacerdote o laico que nos pone al corriente de sus experiencias. A lo largo del curso la comunidad del Seminario realiza algunas salidas o excursiones y tres retiros de un fin de semana largo en los tiempos fuertes de Adviento, Cuaresma y Pascua. En el verano, junto a toda una serie de actividades pastorales y al tiempo de descanso, los seminaristas tienen sus ejercicios espirituales, de una o dos semanas según los cursos.
La formación del Seminario se basa, así, en el desarrollo de una intensa vida espiritual, el estudio de la Filosofía y la Teología, el cultivo de una sana personalidad, verdaderamente humana, en el contexto de la vida comunitaria y la mirada atenta a la Iglesia y al mundo con los ojos del Buen Pastor. El centro de este itinerario educativo es, sin duda, la misma persona de Cristo, que “revela el hombre al propio hombre” (Gaudium et spes, 22) y para quien nada de lo verdaderamente humano es ajeno. Y la finalidad de este itinerario es la configuración del propio corazón del seminarista según el molde del corazón de este Cristo, Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. En efecto, se pretende que a lo largo de estos años cada seminarista -cuyo camino tiene mucho de único e irrepetible-, con todas las ayudas que le ofrece el Seminario, tenga la oportunidad de conocerse a sí mismo y entender su vida a la luz del Amor salvador de Cristo y de conocer la profunda necesidad que la humanidad -y nuestra sociedad, con su situación concreta- tienen de ese mismo Amor, derramado en la Iglesia. En definitiva, que llegue a entender y experimentar que “sólo dando espacio a Cristo en nuestra vida y la de nuestras comunidades podremos resolver el problema de las muchas pobrezas que padecemos: podremos llegar a ser de verdad “ricos”, es decir, plenamente hombres. El verdadero problema sigue siendo el de reconocer a Cristo derecho de ciudadanía en los diferentes “mundos” que constituyen el mundo contemporáneo. Él y sólo Él posee el secreto de colmar toda “pobreza” nuestra y suscitar en nuestro corazón el gozo de la verdadera riqueza que, en definitiva, es la riqueza del amor” (Juan Pablo II, 21-XII-1984). Entregándose ya desde ahora sin reservas en este camino, el aspirante al sacerdocio, con el consejo y la orientación de las instancias que la Iglesia le ofrece, puede discernir su vocación y trabajar en ella.
Al llegar en este año sacerdotal el Día del Seminario nos volvemos a plantear la cuestión de las vocaciones sacerdotales, inquietud que está presente en la mente de todos los que queremos a la Iglesia. Ciertamente, no estamos “para echar cohetes” en este punto, sobre todo si nos comparamos con lo que fue nuestra diócesis hace unas décadas, pero no está de más decir que en los últimos 25 años se han ordenado en nuestra diócesis nada menos que 92 curas. Este dato, quizá sorprendente para algunos, significa que en todo este tiempo ha seguido habiendo un “goteo” de ordenaciones y que el Seminario ha seguido y sigue vivo. A mi modo de ver, en nuestras actuales circunstancias, esto es un milagro por el que hay que saber dar gracias a Dios y que ha de reavivar nuestra esperanza. No hay fórmulas mágicas ni recetas para el cultivo de las vocaciones: todo pasa por la oración constante y confiada, el testimonio alegre de los sacerdotes, la convicción de que el ministerio sacerdotal es insustituible y necesario para la Iglesia y el mundo y la cercanía con los jóvenes.
Como señala Benedicto XVI, “la función del presbítero es esencial e insustituible para el anuncio de la Palabra y la celebración de los Sacramentos, sobre todo de la Eucaristía”; […] “es urgente pedir al Señor que mande obreros a su mies” y “es preciso que los sacerdotes manifiesten la alegría de la fidelidad a la propia identidad con el entusiasmo de la misión”. No debemos considerar la situación actual, con pocos presbíteros, como “normal o típica del futuro”. […] “La celebración cotidiana del sacrificio del altar y la oración diaria de la liturgia de las horas deben estar siempre acompañadas por el testimonio de una existencia que se dona a Dios y a los demás y que se convierte en orientación para los fieles” (17-IX-2009).
Por último, hay que agradecer sinceramente la oración de tantos fieles en favor del Seminario y las vocaciones, el apoyo material y moral de muchos, así como la fidelidad y entrega cotidiana de los sacerdotes, especialmente de los enfermos y los mayores, que viendo las dificultades existentes para el relevo generacional están entregando hasta su último aliento en bien de las parroquias.
Miguel Larrambebere
Rector del Seminario
EN BREVE
En el Seminario Conciliar de Pamplona hay actualmente 14 seminaristas, de edades comprendidas entre los 22 y los cincuenta años.
En España, hay una media de un seminarista cada 35.000 habitantes.
Navarra está peor que la media nacional, con un seminarista cada 43.000 habitantes.
Los seminarios que tienen el mejor índice de seminaristas por habitante son el de Huesca, con un seminarista cada 9.200 habitantes, y Toledo, con un seminarista cada 9.400 habitantes.
Los seminarios con mayor número de estudiantes en términos absolutos, son, por este orden: Madrid (125 alumnos), Toledo (71 alumnos) y Getafe (66 alumnos).

Seminaristas en Pamplona
En 6º de Teología, ya ordenados diáconos: Francisco Javier Aramendía Viana (Estella), con destino pastoral en el Valle de Allín, Jesús Echeverz Carte (Villava),en la parroquia del Corazón de Jesús de Pamplona; y Santiago Garisoain Otero (Pamplona), en la parroquia de Santa Teresa de Pamplona y en Urroz Villa.
En 5º de Teología:
Juan Tejero Ariño (Barañain), con destino pastoral en la parroquia de El Salvador de Pamplona).
En 4º de Teología:
No hay ningún seminarista.
En 3º de Teología: Javier Aldave Arbea (Pamplona), con destino pastoral en Elizondo, Íñigo Beunza Sola (Pamplona) en Los Arcos, Federico Ibaibarriaga Lacasa (Pamplona), en San Miguel de Estella, Germán Martínez Laparra (Falces), en Obanos, Guillermo Navarro Úbeda (Pamplona), pastoral en Corella, y José Luis Orella de Anitua (Pamplona), pastoral en Nuestra Señora de la Esperanza de Zizur Mayor.
En 2º de Filosofía:
No hay ningún seminarista.
En 1º de Filosofía: José Antonio Apecechea Escudero (Goizueta), Javier Domínguez Fernández (Barañain), Íñigo Serrano Sagaseta de Ilúrdoz (Sesma) y Alejandro Zuza Ruiz de Alda (Pamplona). Todos colaboran en la labor pastoral de la capellanía del Hospital de Navarra.
