¡He visto al Señor!

Por Alfredo López Vallejos • 29 mar, 2010 • Sección: Actualidad

La expresión es de María Magdalena en aquella madrugada pascual, después de correr al sepulcro “cuando todavía estaba oscuro” y su encuentro con el Resucitado -”¡María!, ¡Maestro!”-, al anunciarlo a los discípulos (Jn.20,18).

No deja de ser significativa la expresión: “He visto al Señor”. Por una parte no puede disimular su experiencia y su emoción, pero ya no puede identificarlo del mismo modo que hasta entonces; la impresión se refleja en su lenguaje al afirmar haber encontrado no simplemente a Jesús, al Maestro, sino que a partir de este momento lo reconoce revestido de resurrección: es “el Señor”. De hecho, no resulta demasiado frecuente encontrar imágenes de Cristo resucitado, es más habitual la iconografía de la vida de Jesús y particularmente de su entrega redentora, de su muerte en cruz, en infinidad de sublimes reproducciones de pintura y escultura inmortalizadas a lo largo de la historia del arte religioso (baste pensar en nuestros más conocidos Velázquez, El Greco, Dalí, Ancheta…) Al fin y al cabo, la vida y la muerte entran dentro de nuestra capacidad de representación.

La resurrección, la vida más allá de esta nuestra limitada dimensión de la existencia, queda fuera de nuestra capacidad descriptiva y figurativa, por eso no resulta tan habitual la pretensión de reproducirlo como resucitado. Sin embargo, no es del todo exacta esta apreciación, porque en una determinada circunstancia o, mejor, en una muy precisa localización, sí resultan habituales las representaciones del Resucitado, bien sea en bajo relieve o en pintura, de mayor o menor calidad artística, pero siempre con exquisita sensibilidad y evidente simbolismo. Es posible que, en su sencillez, dentro del conjunto artístico y ornamental de nuestras iglesias fácilmente pasen desapercibidas estas imágenes. Se trata de las representaciones que muy ornamentan los sagrarios.

Uno de los motivos más frecuentemente reproducidos en las puertas, a veces en el reverso de las mismas, suele ser el del Resucitado. Ciertamente resulta expresiva y teológicamente significante esta relación eucaristía-resurrección. Los artistas no pocas veces han resultado también estupendos catequizadores, e incluso teólogos. “Quien coma de este pan vivirá para siempre y yo le resucitaré en el último día” (Jn.6,54).

Cuando resulta difícil plasmar una realidad, acudimos a los signos. La Resurrección como mejor podemos plasmarla, imaginarla, expresarla e incluso anticiparla, es mediante el signo sacramental de la Eucaristía.o

Comparte este artículo
  • e-mail
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • TwitThis
  • Digg
  • Meneame
  • del.icio.us

Los comentarios están cerrados.