Nueva ley de salud sexual y reproductiva

Por José María Echeverri • 29 mar, 2010 • Sección: Cosplan responde

i La nueva ley de salud sexual y reproductiva habla de la educación sexual, ¿nos puede dar unas orientaciones acerca de su necesidad y algunas pautas de cómo hacerla?

Nadie niega hoy día la necesidad de la educación de la sexualidad. Pero el modo de entenderla y realizarla depende de la concepción de “persona” que se tenga; no es lo mismo, unos programas de educación sexual dirigidos a la promoción del “sexo seguro”, que una educación sexual desarrollada desde el amor verdadero.
La sexualidad no es algo únicamente biológico, sino que se refiere al núcleo íntimo de la persona, siendo medio de expresión del amor más profundo entre dos personas.
La educación afectivo-sexual es una parte de la educación global que una persona recibe; no es una educación diferente, aunque en algunos aspectos tiene sus peculiaridades. Educar es ayudar a ser y desarrollarse como personas. Por ello, educar en la sexualidad es ayudar a comprenderse, desarrollarse y relacionarse como seres sexuados distintos (hombre y mujer), pero complementarios.
La verdadera educación se propone la formación de la persona humana en orden a un fin último y al bien de la sociedad, de la que el hombre es miembro y en cuyas responsabilidades participará cuando llegue a ser adulto. Debemos formar hombres y mujeres completos, que aprendan a vivir amando entregándose a los demás y pudiendo elegir su vocación entre el amor conyugal o la virginidad.
Es una obligación de los padres dar y velar porque los hijos reciban una auténtica educación en el amor que conlleva la virtud de la castidad: sólo la persona casta es capaz de amar en plenitud.

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