Congreso Eucarístico Nacional
Por La Verdad • 28 abr, 2010 • Sección: Vida diocesana
Del 27 al 30 de mayo se celebrará en Toledo un Congreso Eucarístico Nacional. Para explicarnos todos los detalles de este Congreso hemos hablado con el sacerdote José María Iraburu, delegado diocesano para el Congreso.
Háblenos, por favor, del próximo Congreso Eucarístico Nacional, que se celebrará en Toledo del 27 al 30 de mayo.
La celebración de este Congreso Eucarístico se decidió en la XCII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, en noviembre de 2008. Allí se decidió también la fecha y el lugar, Toledo. Es, pues, un acto que afecta a todas las Diócesis de España, y todas están invitadas a participar en él. Quiero señalar también que justamente el Plan Pastoral 2006-2010 establecido por la CEE lleva precisamente por título “Yo soy el pan de vida (Jn 6,35). Vivir de la Eucaristía”.
Parece que en los últimos años se está dando una énfasis especial en la Iglesia a la adoración eucarística.
Así es. Tanto en el último período del pontificado de Juan Pablo II, como en los años de Benedicto XVI, hay una clara voluntad de acrecentar en el pueblo cristiano la devoción a la Eucaristía. Le recuerdo aquel precioso texto de Juan Pablo II, en la encíclica Ecclesia de Eucharistia, ya al final de su vida: “El culto que se da a la Eucaristía fuera de la Misa es de un valor inestimable en la vida de la Iglesia. Dicho culto está estrechamente unido a la celebración del Sacrificio Eucarístico… Es hermoso estar con Él, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto… La Eucaristía es un tesoro supremo, no sólo su celebración, sino también estar ante ella fuera de la Misa. Nos da la posibilidad de llegar al manantial mismo de la gracia” (n.25).
También antes, en la exhortación apostólica “Dominicæ Coenæ”, dedicó su enseñanza al tema.
En esa exhortación de 1980 hace Juan Pablo II una gran elogio de las formas tradicionales de la devoción eucarística, “oraciones personales ante el Santísimo, horas de adoración, exposiciones breves, prolongadas, anuales -las cuarenta horas-, bendiciones y procesiones eucarísticas, congresos eucarísticos”, etc. Y llega a decir que “la animación y el fortalecimiento del culto eucarístico son una prueba de esa auténtica renovación que el Concilio se ha propuesto y de la que es el punto central” (n.3). Hemos, pues, de reconocer que el decaimiento del culto eucarístico habido hace unos años nada tiene que ver con el Concilio. Precisamente después del Vaticano II es cuando por primera vez se compone un Ritual del culto a la Eucaristía fuera de la Misa, editado en España en 1974. Y uno de los últimos actos fundamentales de Juan Pablo II fue dedicar el curso 2004-2005 a celebrar el año de la eucaristía, que anunció y preparó con su impresionante carta apostólica Mane nobiscum, Domine (2004).
Y Benedicto XVI sigue impulsando en la misma dirección
El Papa actual quiere recuperar y acrecentar en todo lo posible la adoración eucarística, partiendo del reconocimiento de que en los últimos decenios había decaído lamentablemente. Así lo ha expresado en varias ocasiones, pero quizá muy especialmente en su exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis, “sobre la Eucaristía, fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia” (2007). En ella nos decía que “uno de los momentos más intensos del Sínodo fue cuando, junto con muchos fieles, nos desplazamos a la Basílica de San Pedro para la adoración eucarística. Con este gesto de oración, la asamblea de los Obispos quiso llamar la atención, no sólo con palabras, sobre la importancia de la relación intrínseca entre celebración eucarística y adoración. En este aspecto significativo de la fe de la Iglesia se encuentra uno de los elementos decisivos del camino eclesial realizado tras la renovación litúrgica querida por el Concilio Vaticano II. Mientras la reforma [litúrgica] daba sus primeros pasos, a veces no se entendió de manera suficientemente clara la relación intrínseca entre la santa Misa y la adoración del Santísimo Sacramento” (66). No exageraba el Papa. La adoración eucarística llegó a ser considerada en ocasiones como una devoción pre-conciliar, y de hecho desapareció de no pocas parroquias y seminarios, conventos y grupos laicos. Por eso Benedicto XVI, en ese mismo documento, exhorta con fuerza: “Unido a la asamblea sinodal, recomiendo ardientemente a los Pastores de la Iglesia y al Pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística, tanto personal como comunitaria… Además, cuando sea posible, será conveniente indicar las iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la adoración perpetua” (67)… “Pido a las parroquias y a otros grupos eclesiales que promuevan tiempos de adoración comunitaria. Pienso, por ejemplo, en las procesiones eucarísticas, sobre todo la procesión tradicional en la solemnidad del Corpus Christi, en la práctica piadosa de las Cuarenta Horas, en los Congresos Eucarísticos locales, nacionales e internacionales, y en otras iniciativas análogas. Estas formas de devoción, debidamente actualizadas y adaptadas a las diversas circunstancias, merecen ser hoy también cultivadas” (68).
Una primera iniciativa de nuestro Sr. Arzobispo, Mons. Francisco Pérez, fue establecer una capilla de la Adoración Perpetua.
Al hacerlo, está claro que impulsaba a la diócesis navarra en la misma dirección prioritaria que es la de los Papas últimos y de la Iglesia universal.
Díganos algo concretamente del Congreso Eucarístico Nacional próximo. ¿Hubo alguna causa especial para elegir a Toledo?
Además de que la diócesis toledana se ofreció como sede de su celebración, es Toledo sin duda una ciudad muy especialmente distinguida por su devoción eucarística. Concretamente, y sólo como un signo, recuerdo la fama mundial de la procesión del Corpus en Toledo. Allí se ha organizado la Secretaría Técnica del Congreso, en C/ Arco de Palacio 3. Dios quiera que muchos navarros se animen a participar en este Congreso Eucarístico, al menos en su fase final, la más solemne. Los que deseen inscribirse como congresistas pueden pedirme información más detallada para su inscripción (948 123 612 y 626 494 323).
Háganos un resumen del programa de esos días
Jueves 27, fiesta de Jesucristo sumo y eterno Sacerdote. Recepción de congresistas. Y desde el Seminario Mayor, procesión a la Catedral, donde habrá Vísperas y renovación de las promesas sacerdotales. Viernes 28, dedicado a la Exaltación de la Santa Cruz. Ponencias, mesas redondas, Eucaristía en rito mozárabe por la tarde en la Catedral, y recepción de la Cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Vigilia nocturna de adoración para jóvenes. Sábado 29, dedicado a la Palabra y Renovación Bautismal. Ponencias, testimonios, concierto de órgano en la Catedral, Vigilia de adoración eucarística con turnos de vela. Domingo 30, solemnidad de la Santísima Trinidad. A las 10,30 horas Eucaristía solemne en la Catedral primada y clausura del Congreso. Desde el Arzobispado se van a enviar carteles y otros materiales informativos del Congreso a parroquias y otros centros religiosos. Pero una información más detallada de los actos programados pueden consultarse en
www.congresoeucaristico2010.es y en el correo secretaria@congresoeucaristico2010.es
