Sacerdotes
Por Zubiría • 28 abr, 2010 • Sección: Altius, clarius, fortiusEl otro día, entre conmovido y emocionado, un amigo sacerdote me enseñaba en su teléfono móvil un mensaje que había recibido de un número para él desconocido: “Sacerdotes: ánimo, os necesitamos, confiamos en vosotros”. Otro sacerdote me confiaba cómo, por ir vestido de cura (valentía de muchos que tanto agradecemos todos) le habían llamado pederasta por la calle. El demonio que tanto está trabajando últimamente y en tantos campos, ha conseguido sembrar la duda sobre la vida de todos los sacerdotes. Pero las cosas hay que ponerlas en sus justos términos porque si no, se nos puede ir la pinza.
Leo a muchos que aborrecen la Iglesia (porque la desconocen) que piensan eso y proclaman y desean todo lo peor para la Iglesia Católica. También conozco a algunos que conocen la Iglesia (aunque la abandonaron) que piensan lo contrario. Pero no conozco a nadie que haya conocido a un sacerdote, lo trate frecuentemente y lo viva desde dentro que tenga el más mínimo reparo sobre él: personas normales llamados para cosas santas. Siempre habrá en ellos esa tensión entre la grandeza de una misión y las pobrezas de una humanidad humana. Su trabajo es inmenso: yo, con las mismas limitaciones fruto de la misma naturaleza, puedo vivir mis pecados en la tranquilidad de mi familia. Ellos tienen que ser santos, y lo que es más difícil, tienen que parecer santos (si no, enseguida, alguno de los malos les sacará en portada). Al pueblo de Dios le queda hacer verdad el mensaje que recibió mi amigo: darles ánimo, sentirlos necesarios para nuestras vidas y mostrarles confianza y cariño.
Al pueblo del Diablo le queda seguir haciendo ruido, publicar esas miserias y regocijarse en ellas: Necios quienes den crédito al odio de los que sólo odian.
