Glorificación pascual

Por Alfredo López Vallejos • 15 jun, 2010 • Sección: El marco de la fe celebrada

Cristo, el Señor resucitado, contemplado a la luz de su glorificación pascual sigue siendo el mismo Jesús de Nazaret con quien los apóstoles han convivido durante largos años de seguimiento, de predicación itinerante y de puntuales enseñanzas en privado hasta hace bien pocas fechas (Mt.13,36; Mc.4,34; 7,17; Lc.8,9). Ciertamente, es el mismo Jesús; sin embargo, la experiencia para quienes han sido testigos de su humillación, de su muerte ignominiosa percibida como un estrepitoso fracaso, hace que la percepción desde la que le contemplan ahora, a la luz de sus apariciones como resucitado, sea absolutamente diferente: cuando “se les presentó durante cuarenta días dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo” (Hech.1,3), “comiendo y bebiendo con ellos después de su resurrección” (Hech.10,41), “para certificarles que no se trataba de ninguna fantasía” (Lc.24,36-41).

Ahora es cuando son capaces de descubrirle en su verdadera identidad, como el Cristo, el Señor, el Kyrios, revestido de gloria y de poder (Lc.24, 34). Con un comprensible retraso, pero finalmente han podido reconocerle en su verdadera identidad (Lc.24, 32) y se han dado cuenta de que convenía que se cumpliesen las escrituras (Hech.3,18; Lc.18,31). Es más, se consideran testigos privilegiados de esta victoria sobre el poder de la muerte (Lc.24,48; Hech.1,8; 3,15; 10,39). De entonces arranca la tradición pascual del saludo litúrgico cristiano: “¡Cristo ha resucitado!”, al que se responde: “¡Verdaderamente ha resucitado!”.

No deja de ser significativo que ese saludo tan pascual, tan cristiano y tan tradicional, haya quedado relegado en una cultura tan secularizada como la nuestra al ámbito casi exclusivo de la celebración litúrgica y de los ambientes monásticos. Sin embargo, resulta sorprendente y testimonial al mismo tiempo, escuchar ese mismo saludo pascual, en la normalidad de la vida diaria y durante todo el tiempo de Pascua, en culturas y mundos aparentemente menos religiosos, como puede ser todo el mundo de la ortodoxia cristiana: Rusia, Grecia, Ucrania, Polonia, Rumanía, Paises Bálticos. La gente se saluda y se responde por la calle con toda normalidad, durante estos cincuenta días: “¡Jristós voskrése!”, “¡Voístinu voskrése!”, o “¡Jristós anésti!”, “¡Alithós anésti!”, o incluso también en ambientes cristianos de los países árabes: “¡El-Messíaj kam!”, “¡Hakkán kam!”, o también en hebreo “¡Ha-mashíaj hu-kam!”, “Be-émet kam!”

Aunque nosotros hayamos perdido estas raíces profundamente cristianas, lo cierto es que ¡El Señor ha resucitado, verdaderamente ha resucitado!

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