Obediencia, penitencia y vida eterna
Por La Verdad • 15 jun, 2010 • Sección: Conozcamos el código
A la luz de la doctrina de Benedicto XVI y empleando sus propias palabras quiero comentar estos tres conceptos:
1. Obediencia: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres: La obediencia a Dios tiene la primicia, ésta nos hace libres y nos da libertad incluso a oponernos a la ley humana, al peligro de sufrir persecución incluso martirio. El tiempo moderno ha hablado de liberación del hombre, de su plena autonomía; por tanto también de la liberación de la obediencia a Dios. La obediencia debería dejar de existir, el hombre libre es autónomo: nada más. Pero esta autonomía es una mentira: es una mentira ontológica, porque el hombre no existe por si mismo y para sí mismo, y también es una mentira política y practica, porque es necesaria la colaboración, compartir la libertad. Y si Dios no existe, si Dios no es una instancia accesible al hombre, solo queda como instancia el consenso de la mayoría: por consiguiente el consenso de la mayoría se convierte en la última palabra a la que debemos obedecer. Y este consenso -lo sabemos por la historia del siglo pasado- puede ser también un consenso para el mal. Así, vemos que la llamada autonomía no libera verdaderamente al hombre. La obediencia a Dios es la libertad, porque es la verdad, es la instancia que se sitúa frente a todas las instancias humanas. Las dictaduras siempre han estado en contra de esta obediencia a Dios. Hoy gracias a Dios no vivimos bajo dictaduras, pero existen formas sutiles de dictadura: un conformismo que se convierte en obligatorio, pensar como piensan todos, actuar como actúan todos, y las sutiles agresiones contra la Iglesia, o incluso otras menos sutiles, demuestran que este conformismo puede ser realmente una verdadera dictadura. Por eso tenemos que conocer a Dios, quererle y obedecerle antes que a los hombres. Este conocimiento de Dios será el fundamento de una verdadera libertad humana.
2. Penitencia: la penitencia es una gracia. Existe una tendencia a decir que Jesús en Galilea anunció una gracia sin condición, sin condiciones humanas previas, Pero ésta es una falsa interpretación de la gracia. La penitencia es gracia: es una gracia que reconozcamos nuestro pecado y que tenemos necesidad de renovación, de cambio, de una transformación de nuestro ser. Penitencia es el don de la gracia, Ahora bajo los ataques del mundo que nos hablan de nuestros pecados, vemos que poder hacer penitencia es gracia. Y vemos que es necesario hacer penitencia, es decir, reconocer lo que en nuestra vida hay de equivocado, abrirse al perdón, prepararse al perdón, dejarse transformar. El dolor de la penitencia, es decir de la purificación, de la transformación, este dolor es gracia, porque es renovación, es la obra de la misericordia divina. Así la conversión, el cambio de vida no es algo privado, que parecería sustituido por la gracia, sino que este cambio es la llegada de la gracia que nos transforma.
3. Vida eterna: Nosotros hoy con frecuencia tenemos un poco de miedo a hablar de la vida eterna. Hablamos de las cosas que son útiles para el mundo, mostramos que el cristianismo ayuda también a mejorar el mundo, pero no nos atrevemos a decir que su meta es la vida eterna. Debemos entender de nuevo que el cristianismo sería un fragmento, si no pensamos en esa meta. La gloria de Dios nos hace hijos en el Hijo. Debemos reconocer de nuevo que solo en la gran perspectiva de la vida eterna el cristianismo revela todo su sentido. Debemos tener la valentía, la alegría, la gran esperanza, de que la vida eterna existe, es la verdadera vida y de esta verdadera vida viene también la luz que ilumina a este mundo.
