Pentecostés

Por Juan Apecechea • 15 jun, 2010 • Sección: A la luz del Evangelio

“Sopló Jesús sobre los discípulos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”

l Se ha atribuido a distintos autores la predicción de que el siglo veintiuno sería el siglo del espíritu. La razón de dicho augurio es que, cada vez con mayor inquietud, se constata el desequilibrio entre el impresionante desarrollo del universo tecnológico y el menoscabo y estancamiento de los valores del espíritu. El desfase, de graves consecuencias, es muy preocupante.

l Resulta sorprendente que los cristianos celebremos una fiesta dedicada al Espíritu en este mundo tan dominado por afanes e intereses materiales. San Lucas describe la irrupción del Espíritu Santo con la imagen del viento y del fuego. Es como una fuerza impetuosa y purificadora, capaz de asombrar y unir a gentes de distintas razas y culturas (Hch 2, 1-8).

l San Juan, por su parte, lo presenta hoy como el principal don de Cristo resucitado: “Recibid el Espíritu Santo”. Jesús cumple así fielmente lo que había prometido: “No os dejaré huérfanos” (Jn 14, 18).

“Nadie puede decir, Jesús es Señor, si no está movido por el Espíritu Santo”

l La acción del Espíritu Santo es fundamental a lo largo de toda la vida de Jesús. Nació por obra del Espíritu (Lc 1, 35). Aparece lleno del Espíritu Santo en el comienzo de su vida pública (Lc 4, 1). Es guiado a su misión por la acción del Espíritu (Lc 4, 14). Es ungido por él para anunciar la Buena Nueva (Lc 4, 18). Cuando ahora el propio Jesús envía a los discípulos a predicar el Evangelio, les infunde el aliento inefable del Espíritu Santo.

l El Espíritu sigue operando incesantemente en la vida de la Iglesia. Pero muchos cristianos no están plenamente convencidos de ello. Una de las tareas primordiales de la Iglesia en este siglo será proclamar la verdad de la presencia y acción del Espíritu Santo en la vida cristiana y en la historia de los pueblos del mundo.

l Por otra parte, desde los comienzos del cristianismo y a lo largo de la historia se ha planteado frecuentemente el problema sobre la relación entre la acción de Cristo y la del Espíritu Santo. Como dice un autor, el Espíritu Santo es en realidad Cristo mismo resucitado, viviendo y operando entre nosotros. La acción conjunta de ambos será siempre imprescindible para la edificación de la Iglesia.

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