Corpus Christi
Por Juan Apecechea • 16 jun, 2010 • Sección: A la luz del Evangelio
“Jesús levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición y partió los panes”
l Nadie duda hoy día que Jesús realizó algunos hechos extraordinarios que asombraron y entusiasmaron a la gente. Uno de esos hechos fue la multiplicación de los panes. Caló tanto en la primitiva tradición cristiana, que es contada seis veces por los evangelistas (Mt 14, 13-21; 16, 32-39; Mc 6, 40-44; 8, 1-9; Lc 9, 10-17; Jn 6, 1-15).
l Fue un momento crucial en la vida de Jesús. La gente se entusiasmó tanto con él, que quiso aclamarlo como líder social y político. Pero él huyó de esa reacción espontánea de la gente: “Se retiró al monte, él solo” (Jn 6, 15). Y es que eso hubiese podido desvirtuar el objetivo prioritario y esencial de su misión. Hizo cosas admirables en favor de los más necesitados, pero él había venido a algo que trascendía los gestos de bondad o de simple asistencia humanitaria.
l Eso es precisamente lo que viene a significar el pasaje de la multiplicación de los panes. El signo que Jesús realizó a favor de la gente que le seguía fue leído e interpretado posteriormente en clave eucarística. La prueba es que, en el relato, son expresamente evocados los gestos de Jesús en la última cena: pronunció la bendición sobre los panes, los partió y se los dio (Lc 22, 19). Jesús no había venido solamente a dar el pan material, sino el pan del evangelio, de la eucaristía y del reino de los cielos.
“Esto es mi cuerpo (…) Haced esto en memoria mía”
l Por medio de la Eucaristía, Jesús quiso perpetuar el bien supremo de la salvación y confiar a la Iglesia el memorial vivo de su muerte y resurrección: “En la Eucaristía se contiene todo el bien de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra pascua” (Vaticano II).
l Corpus Christi es la fiesta de Dios-está-con-nosotros y el compendio del amor y de los bienes que el Señor nos ha concedido. La Eucaristía es el pan de la vida nueva y eterna de Cristo resucitado: “El que coma de este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 58).
l La Eucaristía tiene, además, una dimensión comunitaria y exige un serio compromiso social: “Quien participa en la Eucaristía ha de empeñarse en construir la paz en nuestro mundo marcado por tantas violencias y guerras, por el terrorismo, la corrupción económica y la explotación sexual” (Benedicto XVI).
