El valor de la auténtica generosidad

Por La Verdad • 16 jun, 2010 • Sección: Evangelizar en y desde la familia

De entre las palabras más manoseadas y manipuladas en la actualidad (como, por ejemplo, la palabra “amor”), que hemos comentado en estos artículos, encontramos el término “generosidad”. A menudo nos toca escuchar en los medios de comunicación referencias a personas que intentan impresionarnos con sus gestos de supuesta “generosidad” hacia los pobres y menos favorecidos de la sociedad. Organizan telemaratones o donan una pequeña parte de sus enormes riquezas a los necesitados con el fin de ser aplaudidos y reconocidos por la sociedad. Su hipocresía les lleva a presumir de “progrés” y de dar lecciones a los demás sobre cómo ayudar a nuestros hermanos más empobrecidos. De esta forma consigue una valiosa publicidad gratuita para poder seguir dedicándose a actividades muy lucrativas que les reportan beneficios y prestigio social cada vez mayores.

Ante este comportamiento hipócrita de algunos supuestos “benefactores”, los padres hemos de explicar a nuestros hijos los elementos indispensables de la generosidad que a mi juicio son tres:

1) La generosidad tiene que ser incondicional y continua en el tiempo.
2) Un acto generoso es aquel que no exige ni busca recompensa alguna.
3) La generosidad debe suponer un auténtico sacrificio para la persona que la practica.

Por otra parte, la generosidad no se concreta solamente en dar dinero sino también en dar desinteresadamente de nosotros mismos; por ejemplo, ofrecer nuestro tiempo para escuchar y preocuparnos de los problemas de los demás, el saber perdonar las ofensas sin que el ofensor se haya disculpado o haya reconocido el mal cometido, acoger las opiniones de los demás con respeto e interés aunque sean diferentes a las nuestras, etc.

Además de inculcar en nuestros hijos el gran valor de la autentica generosidad, no estaría de más enseñar a los hijos a desarrollar una actitud crítica hacia estos “falsos profetas” de la generosidad y aprender a valorar la labor callada y generosa de muchas personas e instituciones de la Iglesia Católica, desde los misioneros en tierras lejanas hasta instituciones tan cercanas como son Cáritas y Manos Unidas. Nuestros hijos han de reconocer las valiosas aportaciones de muchas personas auténticamente generosas que trabajan en silencio y de forma desinteresada al servicio y para el bien de los demás.

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