La catequesis y las vocaciones (II)

Por La Verdad • 16 jun, 2010 • Sección: Con ojos de catequista

Las vocaciones encuentran su caldo de cultivo natural en la familia cristiana que vive su fe con serenidad, alegría y espontaneidad. La familia es el primer agente de pastoral vocacional. La mejor catequesis vocacional la realiza cuando sus miembros rezan y van a misa juntos, cuando el amor impregna las relaciones familiares y son sensibles a las necesidades del prójimo. La familia promotora de vocaciones realiza comentarios positivos sobre el ministerio sacerdotal y la vida consagrada. En los encuentros con personas consagradas manifiesta una relación cordial y de confianza. Así es como la propuesta vocacional puede encontrar una acogida positiva en los jóvenes.
En el repaso que hicieron los catequistas sobre el mayor o menor interés que ellos habían puesto durante el curso en la catequesis vocacional decía uno, y no era para descargar su responsabilidad, que era muy importante y decisivo el ejemplo de los sacerdotes y la propuesta vocacional directa que ellos podían hacer. Más aún si daban catequesis a los chicos. Tenía razón. Se refería al atractivo misterioso que produce para fomentar vocaciones “el ejemplo de su propia vida humilde y laboriosa, llevada con alegría (laeto animo peracta) y el de una caridad sacerdotal mutua y una unión fraternal en el trabajo” (OT, 2) La alegría expresa la satisfacción y felicidad de vivir la propia vocación. No hay mejor reclamo. Cuántos chicos han dicho a un sacerdote: quiero ser como usted. Siempre le veo que realiza su trabajo “con ánimo alegre”.
Familias cristianas, comunidades que viven profundamente su fe, sacerdotes felices de su vocación y catequistas entusiastas hacen que toda la vida cristiana resulte una llamada permanente. La catequesis vocacional no es algo ajeno que viene desde fuera. No es sólo para el día del seminario o la jornada de oraciones por las vocaciones. Está insertada en todas las catequesis, pues en todas se pueden hacer alusiones. Pero hay muchísimas que son más claramente vocacionales. Como cuando se presentan las llamadas de Abrahám, Moisés, los profetas, la Virgen María, los apóstoles etc.
En esos casos los catequistas los presentan como prototipos de las llamadas que Dios hace. Se trata de modelos de vida, personas que están a la escucha del Señor, en la obediencia a las misiones que Él les confía, en la fidelidad, fortaleza y perseverancia para llevar a cabo lo encomendado. Las campañas estrictamente vocacionales y las catequesis específicas vocacionales serán aldabonazos o llamadas de atención para recoger los frutos de una tarea permanente. “Gracias a una labor de sabio acompañamiento, el catequista realiza un servicio de los más valiosos a la catequesis: ayudar a los catequizandos a discernir la vocación a la que Dios los llama” (Directorio general para la catequesis 1997 nº 156).

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