La Santísima Trinidad
Por Juan Apecechea • 16 jun, 2010 • Sección: A la luz del Evangelio
“El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad completa”
l Mientras el hombre sea hombre, Dios será siempre objeto de reflexión, oración, controversia, rechazo o exaltación. Y es que el misterio del ser humano está necesariamente vinculado al misterio de Dios, hecho hombre en Cristo: “El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (Gaudium et spes, 22). Es cierto que en la historia humana hay momentos en los que tiene lugar una especie de eclipse u ocaso de Dios. Pero Dios vuelve siempre a resurgir y mostrarse como el esencialmente vivo.
l La fiesta de la Trinidad, fundamento y cumbre de la fe cristiana, nos invita a adentrarnos en la profundidad del misterio de Dios. Causa asombro constatar cómo cualquier gran río nace como un hilo de agua desde el fondo de la tierra o de las grietas de una peña. Un fino hilo de agua que brota no se sabe dónde. Parecido asombro se siente cuando, desde tantas expresiones de la vida, uno se remonta hasta sus orígenes y se encuentra con el misterio inagotable de Dios. Él está en la base y en el origen de toda vida.
l La máxima preocupación de Jesús fue revelar el auténtico rostro de Dios. Pero era un objetivo inagotable. Por eso dice hoy a sus discípulos, que le quedan todavía muchas cosas por revelar, que no podrían ser entendidas por ellos. Sólo el Espíritu de Dios les irá conduciendo hacia la verdad total. Sólo su acción nos podrá introducir en el circuito misterioso de la comunicación viva y vivificadora entre Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
“Todo lo que tiene el Padre es mío”
l Aunque la verdad total de Dios es inabarcable por la mente humana, no son pocas las cosas que sobre él se nos han revelado. He aquí algunos trazos de su perfil:
1. Dios no vive en soledad, sino en la comunidad de las Tres Personas y en suprema comunión de vida y de amor entre sí.
2. No vive encerrado en sí mismo y para sí mismo, sino que hace una alianza amistosa con los hombres, haciéndolos así partícipes de su vida y amor.
3. Encarnándose en Jesucristo, se nos ha manifestado y entregado en plenitud.
l No es poco lo que conocemos de Dios. Cristo es la imagen visible y perfecta de Dios invisible que, por medio de él, ha reconciliado al mundo consigo. Eso nos basta.
