Alicia en el país de las maravillas
Por Ruth Gutiérrez • 28 jul, 2010 • Sección: La filmotecaFicha de la película:
Título Original: Alice in wonderland. Año: 2010. Nacionalidad: USA. Duración: 148 min. Dirección: Tim Burton. Guión: Linda Woolverton. Producción: Peter M. Tobyansen. Música: Danny Elfman. Fotografía: Dariusz Wolski. Montaje: Chris Lebenzon. Diseño de producción: Robert Stromberg. Distribuidora: Walt Disney Pictures. Interpretación: Johnny Depp, Anne Hathaway, Helena Bonham Carter, Crispin Glover, Matt Lucas, Marton Csokas, Tim Pigott-Smith, Lindsay Duncan, Geraldine James, Leo Bill, Jemma Powell, Mairi Ella Challen, Mia Wasikowska, Stephen Fry, Michael Sheen.
l estilo de Tim Burton es inconfundible. Y en ese sentido, de su adaptación de la novela de Lewis Carroll destaca de nuevo la pasión enfermiza por mezclar la fantasía pseudoinfantil con un terror oscuro diluido en falsas apariencias de aventuras. Esos rasgos un tanto perversos del género Burton estaban ya muy presentes en Eduardo manostijeras (1990) o en Sleepy Hollow (1999), filmes cuidadosamente narrados en una estética gótica estilizada, con planteamientos muy desgarradores sobre el amor romántico. Más tarde en Big Fish (2003) revela -quizá inconscientemente- una visión lúcida sobre el arte de contar historias, técnica que parece dominar con cierto éxito.
Así se demuestra una vez más en la difícil historia de Alicia. La complejidad de un cuento que se envuelve de personajes mágicos, anécdotas oníricas o galimatías lógicos para confundir a los padres y conformar a los niños es un excelente caldo de cultivo para explotar la febril imaginación de Burtom. Además el giro poético del guión de Linda Woolverton da muestras de pericia narrativa. Para contar la vuelta de Alicia al recurrente país de sus sueños en plena adolescencia, cuando está a punto de responder a una petición de matrimonio, el filme se centra en el problema de la identidad. De una manera poderosa ese tema está muy presente en la novela de Carroll, como explicita la oruga fumadora de opio al decir “¿Quién eres tú?” Ese mundo posible de Alicia parece jugar con el principio de no contradicción una y otra vez sin perder ni un ápice de consistencia metafísica. Es decir, siendo en todo momento lo que es.
Y lo que se relaciona muy de cerca con la posibilidad de albergar imposibles y tomar decisiones a partir de esos imposibles. La aventura de la Alicia de Burton (que con el efecto de las gafas mágicas de 3 D, consigue atraparte en una actividad excitante) combina la locura con la frescura de la inocencia; roza de vez en cuando el acantilado de lo siniestro con dientes y garras afiladas opinables, desde la perspectiva de las buenas costumbres…; pero recuerda que el yo perdido puede recuperarse e incluso fortalecerse en la representación fílmica. o
