Catequesis sacramentales

Por Alfredo López Vallejos • 28 Jul, 2010 • Sección: El marco de la fe celebrada

Quienes nos dedicamos a la vida parroquial experimentamos con relativa frecuencia una más o menos velada reticencia, por parte de algunas personas, a participar en encuentros de catequesis en que se solicita su presencia con ocasión de las primeras comuniones o confirmaciones de sus hijos. Imagino, es más, tengo la certeza, por haberlo contrastado con algunos responsables de colegios, que esta resistencia no es mayor que la percibida en estos centros para conseguir integrar a determinados padres en el proceso formativo de sus hijos.

Algunos padres se consideran al margen del proceso catequético, porque identifican, quizás, la catequesis con cosa de niños; ellos ya son mayorcitos y tienen superada la fase infantil de los cuentos de hadas. ¿Qué es en realidad la catequesis?, ¿quiénes son sus destinatarios? Existe, evidentemente, una etapa de la vida, en la que la iniciación a todos los niveles: vivencial (el nene tiene que comer, esto hace pupa), social (reconocer a los componentes del grupo familiar, normas de convivencia), educativa (los rudimentos básicos y elementales en todos los órdenes), cultural (transmisión de determinados valores), etc. resulta del todo imprescindible. Ello no significa que, una vez alcanzado el nivel mínimo de no hacerse pupa, o de saber leer y escribir, ya esté todo conseguido. La formación, la cultura, la inserción social requerirán siempre ampliaciones posteriores. No nacemos ya aprendidos y por poco interés cultural que tengamos nunca acabamos de aprender. El edificio ya terminado o el coche recién estrenado necesitarán un proceso continuado de atención y mantenimiento, si no queremos que se queden fuera de uso y desfasados en poco tiempo.

Si este planteamiento resultaría válido y perfectamente asumible desde un punto de vista meramente sociológico, al menos otro tanto, si no más, por tratarse de valores trascendentes, cabría decir en el orden religioso y espiritual. La catequesis, en principio, debería ser continuada, adaptada a las diversas situaciones y etapas de la vida. Por otra parte, parece perfectamente coherente que los responsables parroquiales de la catequesis de niños soliciten la participación y alguna forma de integración de los padres en el proceso catequético de sus hijos, por ser ellos los primeros responsables y quienes solicitaron la colaboración de la parroquia en la formación religiosa de sus hijos. Resultaría del todo perjudicial para los niños que en la parroquia y en la familia se presentasen valores antagónicos, discordantes e incompatibles. Los niños serían los primeros en captarlo y en sufrirlo. o

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