Las catequesis y las vocaciones (III)
Por Félix García de Eulate • 28 Jul, 2010 • Sección: Con ojos de catequista
La catequesis sobre la vocación se realiza realmente en todas las acciones de la Iglesia y por lo tanto también en todas las catequesis. Toda catequesis es una llamada a descubrir cómo seguir mejor a Jesucristo. Esta llamada es para todos los cristianos. Cuando un catequista es celoso e inquieto por cumplir bien su misión sabe que está convocando, que está haciendo iglesia, “eclesiando”. La palabra Iglesia es la traducción del latín “ecclesia”, y esta palabra viene del verbo griego “ekaleo” que significa llamar. Los cristianos son “los llamados, los convocados” por antonomasia. Llamar no es sólo tarea de algunos especialistas responsables. Todos los cristianos son “llamados” y todos tienen la misión de llamar a otros.
Bien lo sabía esto el catequista de confirmación. Sus catequesis eran una propuesta constante a descubrir y a responder a las distintas llamadas que el Señor iba haciendo a cada uno y a responder a las mismas. Sabía que debía descubrir si en su grupo había alguna vocación al ministerio sacerdotal o a la vida consagrada. Cuando no descubría ninguna de inmediato intentaba suscitarla. Solía repetir con orgullo hablando de un seminarista: a ese lo llevé yo al seminario. Descubrió su vocación enseguida. Y comenzó a hablar frecuentemente con él acompañándolo en su discernimiento. Se dio cuenta de que sintonizaban ambos sobre diversos temas, como un diapasón con otro. En ambos resonaban ideales muchas veces coincidentes.
Cuando el joven seminarista se iba a ordenar de diácono tuvieron una conversación trascendental. El antiguo catequizando feliz del paso que iba a dar le dijo: siempre pensé que tú podrías ser sacerdote. Te veo con ideales apostólicos, comprometido en muchas acciones pastorales de la iglesia. Ya sabes, comentó el catequista, que tengo novia y que los dos trabajamos como enfermeros. Te quería pedir que bendigas nuestra boda cuando estés ordenado. Y así fue. Pero las palabras del diácono se le quedaron como dardos en su corazón. En el viaje de bodas visitaron unas misiones en el alto amazonas. Allí vieron un orfanato y los dos enfermeros decidieron volver como misioneros. Así respondieron a las “voces suplicantes de la humanidad” (Pablo VI) y encontraron su sitio en el rico abanico de llamadas que ofrece la Iglesia (LG V).
El sacerdote y los esposos enfermeros recibieron sus llamadas dando y recibiendo catequesis. El Espíritu Santo puso tres diapasones vocacionales en sintonía. o







