Misas electromagnéticas

Por Alfredo López Vallejos • 28 jul, 2010 • Sección: El marco de la fe celebrada

Me comentaban una celebración reciente y espectacular -nunca mejor dicho- de esas con pantalla integrada -al parecer de modo inevitable- en la celebración. Menos mal, me aseguraba el sufrido “espectador”, que se trataba de un domingo normal, porque de haberse tratado de una ocasión más sugerente, como primeras comuniones o alguna otra convocatoria especial, la exhibición del dominio del power-point hubiera resultado todavía más profesional y deslumbrante.

Lo más notable, según me comentaba, fue la sistemática y completa exposición meteorológica proyectada sobre la pantalla, durante la plegaria eucarística, a base de todos los tipos de nubes imaginables: cirros, estratos, cúmulos, nimbos, altocúmulos, cirroestratos, en sus diversas variantes de nubes bajas, masas globulares y contraluces, de una perfección y luminosidad digna de la mejor disertación sobre estratografía atmosférica. Llegados al final de la plegaria eucarística, pudieron recuperarse de tanto embelesamiento nuboloso, con un reiterativo “amen”, en unas letras que a partir del centro de la pantalla y mediante un ingenioso zoom crecían hasta adquirir proporciones amenazantes que parecían desbordarse sobre la indefensa asamblea que se las veía venir encima; eso sí atenuada la impresión por una infinidad de colores y destellos centelleantes del susodicho amén, excesivo y reiterativo, en una docena de insistentes apariciones, mientras duró la gran elevación ritual de esa celebración tan insólitamente electrónica.

Durante la consagración, con una exquisita sensibilidad, que seguramente habría que agradecer al productor técnico de aquella escenografía celebrativa la proyección fue mucho más distendida y relajante. Durante el pan se limitaba a unos pétalos abriéndose delicadamente a cámara lenta; por más que uno no acabe de entender la relación -por muy azucenas que fueran- con la institución eucarística. Y durante la consagración del vino un dilatado y precioso ocaso de sol, quizá por relación con aquello de las nubes…

Naturalmente toda la asamblea fascinada por la pantalla y ponderando la técnica y profesionalidad del autor del montaje, que supo medir los tiempos con toda precisión, aunque no se sabe si la sincronía era del productor concelebrante o viceversa. Una celebración la mar de cibernética y todos tan contentos. ¿Tendremos que seguir soportando todavía por mucho tiempo esta insoportable manía del power-point, que a algunos les tiene fascinados, pero que nada aporta y tanto aparta, distrae, entorpece y dificulta la verdadera participación litúrgica? o

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