Tres sacerdotes más para el siglo XXI

Por La Verdad • 9 ago, 2010 • Sección: Portada, Vida diocesana

El próximo domingo 4 de julio a las 18,00 horas serán ordenados en la Catedral de Santa María la Real de Pamplona tres nuevos presbíteros. Se trata de Francisco Javier Aramendía, Santiago Garísoain y Jesús Echeverz. Todos los fieles que lo deseen están invitados a acompañar a los tres jóvenes en el día más importante de su vida.

Tras seis años de estudios en el Seminario Conciliar “San Miguel” de Pamplona, el próximo domingo 4 de julio a las 18,00 horas, los diáconos Santiago Garisoain Otero, Francisco Javier Aramendía Viana y Jesús Echeverz Carte serán ordenados presbíteros. La ceremonia, que tendrá lugar en la catedral de Santa María la Real de Pamplona, será presidida por el Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, Mons. Francisco Pérez González.

Los tres futuros sacerdotes acaban de terminar en la actualidad el último curso de Teología en el Seminario. El pasado año los tres jóvenes recibieron la ordenación diaconal, acompañados por sus familiares, amigos y formadores. Un importante paso, que les llenó de alegría y satisfacción, en el camino al sacerdocio que el próximo día 4 de julio concluirán. La diócesis de Pamplona y Tudela se alegra con estas nuevas ordenaciones e invita a todos los fieles a esta ceremonia.

Santiago Garisoain Otero, natural de Pontevedra, tiene 30 años y ha venido ejerciendo durante este último curso su labor pastoral como diácono en la parroquia de Santa Teresa de Pamplona y en Urroz-Villa. Estudió Derecho antes de entrar en el Seminario, le encanta la película Braveheart y le gusta la música en general, aunque no sería capaz de elegir un cantante favorito.

Comienza una vida apasionante
Jesús Echeverz Carte, natural de Villava, tiene 30 años y ha venido ejerciendo durante este último curso su labor pastoral como diácono en la parroquia del Corazón de Jesús de Pamplona. Estudió artes gráficas antes de entrar en el Seminario, le gusta la música de U2 y su película preferida es “El silencio de los corderos”.
Jesús, en pocos días vas a ordenarte, ¿da vértigo pensar que va a ser sacerdote?
Da respeto ya que es una decisión para toda la vida. Pero a la vez con mucha ilusión. Los seis años de seminario han terminado y comienza una etapa apasionante.

¿Qué supone para ti este paso tan importante de ordenarte sacerdote?
Supone: una entrega total a Jesús y a su Iglesia. Estar disponible totalmente para llevar el Evangelio donde haga falta y allí entregarse completamente por llevar la salvación de Jesús a aquellos que se te ecomiendan.

¿Qué es lo que más destacarías de estos seis años en el seminario?
La verdad es que me quedo con dos cosas:
- El ambiente del seminario: con todas las amistades que he hecho, el buen humor, la fraternidad y todo eso.
-Y después la profundización en la amistad personal con Jesús: mi vida espiritual ha crecido mucho.

¿Qué labores te esperan a partir del momento en que seas cura? ¿Sabes dónde te van a destinar?
Supongo que lo que me espera es alguna parroquia. Tampoco me preocupa en exceso. Salgo con una ilusión tremenda de aprender y comenzar a ” ser cura”. Aunque aun no se cual. Es lo que todo el mundo pregunta. Pero la verdad que aun no hemos estado con D. Francisco.
¿Te han apoyado y te apoyan tus amigos y familiares en esta importante decisión?
Es impresionante. Todo el mundo se ha volcado. Por supuesto en casa, pero también los amigos y conocidos. La gente capta lo importante que es el sacerdocio, y la necesidad de sacerdores, muchas veces más que nosotros mismos.

¿Qué les dirías a los fieles diocesanos ahora que comienzas esta nueva etapa? ¿Y a los jóvenes?
Les diría que tengan paciencia que nosotros, los nuevos, también tenemos que aprender. Y que tendremos errores. Pues que sean comprensivos con estos errores. Y decir que entregar la vida por Jesús y el evangelio merece la pena. Que es fuente de felicidad. Que allí donde estén den testimonio de Jesús, del amor de Dios y de su ser cristianos.

Hay que rezar por los sacerdotes
Francisco Javier Aramendía, natural de Estella, tiene 41 años y durante este curso ha estado destinado para realizar tareas pastorales como diácono en el Valle de Allín. Antes de entrar en el seminario trabajó como operario en un torno de control numérico. A Francisco le va la música Heavy, pero eso sí, no le gusta el cine.

En pocos días vas a ordenarte, ¿da vértigo pensar que va a ser sacerdote?
No sé si esa es la palabra adecuada, pero sí que da mucho que pensar. No me creo digno de este ministerio, pero es obra de Dios y Él será quien lo lleve a cabo.

¿Qué supone para ti este paso tan importante de ordenarte sacerdote?
Es la culminación a este largo tiempo de preparación que he vivido en el seminario, aunque forma parte de la historia que Dios está haciendo con mi vida, e intentando responder así a su voluntad. Es una vocación que no es mía, sino que viene de Dios y que no es sólo para mí, sino para ponerme a su servicio allí donde Él quiera.

¿Qué es lo que más destacarías de estos seis años en el seminario?
Son muchas las cosas pero creo que la más importante es que te ayuda a configurar tu cabeza y tu corazón en lo que es el “ser” sacerdotal, en tomar conciencia de a lo que estás siendo llamado y tratar de vivir según esa llamada. Con el estudio, la oración, la convivencia con los demás seminaristas, y con sus momentos duros también, ha sido una experiencia muy positiva.

¿Qué labores te esperan a partir del momento en que seas cura?
No tengo ni idea adónde voy a ser enviado pero la labor es la misma que para cualquier sacerdote: anunciar el Evangelio, salvar las almas de las gentes llevándolas a Cristo. El cómo hacerlo estará en función de lo que me encuentre en mi futura parroquia, pero siempre habrá de ser con el corazón de Cristo, amando a todos.

¿Te han apoyado y te apoyan tus amigos y familiares en esta importante decisión?
En mi caso, me encuentro de todo: gente que está alejada de la Iglesia y gente que no lo está y, como ya tenemos unos cuantos años de edad, no causa ninguna sorpresa que cada uno vaya construyendo su vida según se le de a entender. Por supuesto, hay mucha gente estupenda que pide por mi vocación y por la de mis compañeros.

¿Qué les dirías a los fieles diocesanos ahora que comienzas esta nueva etapa?
Que quieran a sus sacerdotes, que les ayuden en su ministerio, que recen por ellos y que procuren participar de la misión evangelizadora de la Iglesia en el montón de ambientes a los que un sacerdote no puede llegar. A los jóvenes les diría que se pregunten por el sentido de sus vidas, y qué estarían dispuestos a dar por sentirse un poquito amados. Si quieren una respuesta, Cristo se la dará.

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