Greco-católicos

Por Alfredo López Vallejos • 19 nov, 2010 • Sección: El marco de la fe celebrada

Si las palabras sirven para algo, y siguiendo la lógica natural de las mismas, parecería que “greco-católicos” tuviera que hacer referencia a los católicos de Grecia, y sin embargo no es así. Esta denominación abarca más bien y de un modo genérico a todas las Iglesias orientales católicas en plena comunión con la Sede de Roma, tanto griegos, como ucranianos, búlgaros, serbios, albaneses, húngaros, rumanos o armenios. La Iglesia griega se separó de la comunión con la Iglesia de Roma en 1054 a causa del Cisma de Oriente, pero desde muy pronto comenzaron los primeros intentos de recomponer la unidad. Después del fracaso de los intentos de los Concilios de Lyon (1274) y de Florencia (1439) para reparar el cisma entre Oriente (Ortodoxos, o griegos “grecos”) y Occidente (católicos, o latinos). Algunos griegos que estaban bajo el imperio otomano abrazaron el catolicismo romano, conservando sus seculares ritos orientales, que los diferencian del sobrio rito latino o romano.

La denominación de Iglesia greco-católica fue introducida por la emperatriz María Teresa en 1774, para diferenciarla tanto de la Iglesia católica de rito latino, como de las restantes Iglesias ortodoxas. Así, desde 1856 comenzó a formarse una pequeña comunidad católica bizantina griega en Constantinopla, que dio origen a otras uniones parciales al que se acogerían todas a esta denominación de iglesias Greco-católicas.

La Iglesia greco-católica ucraniana es la más grande de estas iglesias orientales con más de 5,5 millones de fieles (3.328 parroquias, 92 monasterios y 2.051 sacerdotes), mantiene el rito bizantino, al igual que la iglesia ortodoxa, permanece en plena comunión con el obispo de Roma reconociendo su autoridad y jurisdicción.

Algunas tienen reconocimiento de patriarcados, como las Iglesias maronita, copta, armenia, siria, caldea o melquita, y en su conjunto se rigen por un ordenamiento jurídico propio, según el Código de Cánones de las Iglesias Orientales, promulgado en 1980. Alguna de estas iglesias orientales, como es el caso de la Iglesia maronita, nunca abrazaron el cisma oriental.

Con razón reconocía el Papa en el año 2006, que los greco-católicos, cristianos que conservan la tradición oriental manteniendo su unión con la Iglesia de Roma, son un puente hacia la unidad con la ortodoxia y tienen la misión de demostrar la unidad de la Iglesia universal en su diversidad de tradiciones, ordenamientos y usos litúrgicos. o

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