“DON FRANCISCO ES Un hombre que vive como piensa y piensa como Cree”

Por Redacción • 28 dic, 2010 • Sección: Actualidad, Vida diocesana

La periodista pamplonesa Teresa Gutiérrez de Cabiedes desvela para La Verdad los entresijos de su libro-entrevista con el Arzobispo de Pamplona, Monseñor Francisco Pérez González. Publicado por la Editorial Ciudad Nueva, “Secretos de un arzobispo. Diálogo con Mons. Francisco Pérez González” se ha presentado en Navarra esta misma semana. Entrevista de íÑIGO GUINDANO.

¿Como surgió la idea de escribir un libro con secretos de un obispo?
De la manera más natural del mundo. Un día estábamos mi marido y yo comiendo con don Francisco. La verdad es que le estábamos preguntando a discreción.

¿Aspectos relacionados con él?
Sí, pero también sobre la Iglesia, sobre su misión en la diócesis, sobre las preocupaciones de nuestra sociedad y las falsas salidas que a veces se nos ofrecen. Yo me había desprendido de todos los filtros. Incluso mi marido me miraba con cara de “oye, eso es un poco impertinente”. Pero don Francisco me animaba a seguir preguntando con entera libertad.

¿Y entonces decidió convertir aquella entrevista en libro?
A la hora del café me salió del alma exponerle: “Qué pena que todo esto nos lo quedemos para nosotros solos. No todo el mundo tiene la oportunidad de preguntar lo que sea a un obispo”. Él sabía que siempre ando a la búsqueda y captura de personas que encarnen en su vida un ideal noble para escribir su historia. En un momento dado, me comentó que hacía tiempo un periodista le había propuesto hacer un libro-entrevista, pero el proyecto no había prosperado. Yo, sin pensarlo dos veces, le dije: “Si me responde con la misma sinceridad que hoy, a mí me encantaría someterle a un grado 10″.

Entonces, ¿sabía el Arzobispo que usted iba a exprimir sus secretos?
No sé hasta qué punto conocía mi ilimitada capacidad de preguntar (se ríe). Pero lo que sí tenía la certeza es de que no iba a ser un “interrogatorio” convencional sino una búsqueda conjunta de luz vital. Y desde el primer momento me dijo que contestaría a todas mis preguntas, fueran como fueran. De hecho, no evadió ninguna, aunque se las plantease desde un punto de vista polémico.

¿Y por qué es interesante entrevistar a un obispo?
Como periodista y escritor, supone un reto importante. Tenemos muchos estereotipos sobre la religión, la Iglesia, la jerarquía, que no se corresponden con la realidad. Indagar sobre la verdad de las personas y la realidad siempre es una tarea apasionante.

¿Qué estereotipos encontró caducados?
A veces miramos la fe desde ángulos equivocados. Vemos a un obispo y lo clasificamos según los moldes del poder político, o de la lucha de clases (ese extraño concepto de Iglesia de base e Iglesia jerárquica)… O identificamos la fe con un corsé moral aplastante. Cuando tropiezas con alguien que vive enamorado de Dios hasta la médula, y cuyo único interés es servir a Jesucristo y a cada hombre, su vida revienta todos los tópicos equivocados.

¿Le llamaba la atención algo en particular de este arzobispo?
Además de su trasparencia absoluta (que ya he mencionado), me encantaba su experiencia vital y pastoral. Se ha enfrentado cara a cara con la pobreza, la enfermedad, la guerra, la misión. Ha tenido que predicar el Evangelio a personas relevantes de la sociedad como los políticos o la Casa Real. La vida no le ha amargado, sino que le ha curtido en una esperanza invencible.

¿Que perfil breve dibujaría de don Francisco Pérez?
Es un hombre que vive como piensa y que piensa como cree. Todo un lujo. Y su fe se convierte en el optimismo sabio de quien sabe que Dios le cuida cada instante, dulce o aciago. Hoy en día nos hacen falta personas así, que nos muestren que es posible una felicidad auténtica. Por lo demás, lo que yo pueda decir lo ha constatado cualquier lector de La Verdad.

¿En qué sentido?
Don Francisco tiene tiempo para mirar a cada persona con la que se cruza, y traspasarla del amor de Dios. No distingue si eres niño o abuelo, enfermo o alto cargo, si vives en un barrio marginal o eres el mismísimo Rey.

Entonces, este libro está dirigido a un amplio espectro de lectores. ¿Cree que su lectura ayudará a mucha gente?
Mi esperanza es que sirva para llenar de una luz eterna a cada persona que lo lea. De principio a fin cada esfuerzo ha sido convertido en plegaria con ese deseo. Suelo bromear con el Espíritu Santo y le “pico”: “Yo ya he hecho mi trabajo. Ahora te toca a ti hacer el tuyo”.

¿Ha conseguido sacarle al arzobispo todos los secretos?
Pienso que hemos logrado, a través del diálogo, que sus secretos más importantes alumbren la experiencia de cada lector. Hemos buceado en la fe, la confianza, el perdón, la paz, el amor, la pobreza, el sufrimiento, la libertad, la dignidad humana, la familia, la Iglesia, el sacerdocio… Pero su mayor secreto ya era público: no hay más que ver el milagro de la capilla de la Adoración Perpetua para saber de dónde saca la fuerza un pastor incombustible.

¿Algún secretillo del autor? No sé… Alguna anécdota que le haya pasado con el Sr. Arzobispo…
Me hace sonreír algo que ocurrió en las dos jornadas en las que le “freí”, literalmente, a preguntas. Llegó a Madrid muy temprano y deduje que había dormido sólo unas horas. Así que esa primera mañana procuré ir despacio, con cuestiones largas y poco peliagudas. Después de comer le propuse que hiciéramos un parón de descanso. Cuando retomamos la tarea a media tarde, vio mi cuestionario. Y noté que fijaba la mirada en la línea 302, escrita en negrita.

¿Y qué pasó?

Me señaló los papeles y dijo: “¿Por dónde vamos?”. Yo no sabía donde meterme y respondí con boca chica: “Más o menos por la pregunta 30″. “¿Y son trescientas cuántas?”, preguntó sonriendo. Yo le contesté: “Bueno, es que las próximas 270 son muchísimo más breves y hay algunas formuladas de dos formas… ¡Para pillarle si miente…!”. Entonces ya se rió a carcajadas y me dijo: “Anda, anda, sigue… que si no, no me dejas salir de aquí en dos semanas”.

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