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CARTAS DESDE LA ESPERANZA
MARÍA EVANGELIZA
CON SU
ESPIRITUALIDAD
na hasta la ignominia de la cruz; la delicadeza
previsora; la castidad virginal; el fuerte y casto
El Magnificat nos lleva a vivir con
amor conyugal.
madurez y coherencia la vida Ante cualquier imagen de María todos nos en-
humana y nos protocoliza un contramos acogidos. Su acogida alivia y alienta
en medio de nuestras dificultades y debilidades.
modo de vida que tiene como fin ¡Ojalá que sea esta actitud la que mueva el cora-
acercarnos a un humanismo zón de los nuevos evangelizadores para atraer a
auténtico. tantos que se sienten faltos de amor, de paz y de
justicia! ¡Que la participación en los sacramentos
nos lleve a vivir una experiencia de amor a Dios
― y al prójimo! ¡María es la mejor Maestra! ¡Acu-
damos a ella con fe, como el hijo a su Madre! Ella
MONS. FRANCISCO PÉREZ
ARZOBISPO DE PAMPLONA - TUDELA nos ayudará a vivir el auténtico humanismo y su
protocolo que es el Magnificat que muchas veces
escuchamos.
Estamos al final de una era y, digo esto, por-
que me viene a la memoria lo que decía Ches-
tertón: “Quitad lo sobrenatural y no os quedará
l Magnificat de María nos hace gustar lo natural, sino lo antinatural”. Desarraigado de
la santidad ejemplar de la Virgen que su centro espiritual, el hombre occidental –nos
mueve a los fieles a levantar los ojos dice un gran autor- se creyó sin embargo libe-
hacia ella, que brilla ante
toda la comunidad de los
elegidos como modelo de Ante cualquier imagen de María todos
E virtudes. Virtudes sólidas nos encontramos acogidos. Su acogida
evangélicas: la fe y la dócil aceptación
de la palabra de Dios; la obediencia alivia y alienta en medio de nuestras
generosa; la humildad sincera; la cari- dificultades y debilidades.
dad solícita; la sabiduría reflexiva; la
piedad hacia Dios pronta al cumpli-
miento de los deberes religiosos, agradecida por rado, dueño al fin de su destino, capaz de ascen-
los bienes recibidos, que ofrece en el templo, que der hasta cumbres hasta entonces inconcebi-
ora en la comunidad apostólica; la fortaleza en el bles; pero una vez alcanzadas esas cumbres
destierro, en el sufrimiento; la pobreza llevada (materializadas en el progreso técnico, científi-
con dignidad y confianza en el Señor; el vigilante co, político, cultural, ideológico…), el hombre oc-
cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cu- cidental ha descubierto que lo gangrena un va-
4 • LA VERDAD

