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CARTAS DESDE LA CARIDAD










                             ¿QUIÉN ES


                                   TU REY?            trando con que mucha gente, en nuestra socie-

                                                      dad, rechaza al Rey que muere en la cruz por
                                                ―     pequeños reyes que les imponen un estilo de vi-
                               MONS. FLORENCIO ROSELLÓ  da que maneja su libertad y su conciencia.
                              ARZOBISPO DE PAMPLONA - TUDELA  Yo me quedo con Cristo Rey, el Rey de Re-
                                                      yes. El que muere en la cruz y me hace libre. Je-
                                                      sús se presenta como un Rey muy distinto a los
                                                      que ofrece el mundo. Su trono es la cruz; su ce-
                                                      tro, la misericordia; su manto, la cercanía con
                   ste  domingo  celebramos  la  fiesta  de  los pobres y los pequeños. Él reina no desde el
                   Cristo  Rey,  que  nos  confronta  con  poder, sino desde el servicio; no desde la impo-
                   nuestra vida de cada día y nos lleva a  sición, sino desde la entrega. Es un Rey que se
                   preguntarnos: ¿quién es nuestro Rey?,  inclina para lavar los pies: “Se levanta de la ce-
                   ¿en  quien  ponemos  nuestra  mirada,  na, se quita el manto y, tomando una toalla, se
           E quien  guía  nuestra  conciencia?  Vivi-  pone a lavarles los pies a los discípulos” (Jn. 13,
           mos en una sociedad en la que nos gusta la in-  4.5). Que acoge al arrepentido: “En verdad te
           dependencia, como nos decía Benedicto XVI, en  digo,  hoy  estarás  conmigo  en  el  paraíso” (Lc.
           la que se quiere construir un mundo al margen  23, 43). Que sana al herido: “Y acercándose, le
           de Dios, como si éste no existiese. Todo para re-  vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y,
           afirmar la autonomía de la persona, pues rela-  montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a
           ciona  a  Dios  con  normas  e  imposiciones  que  una posada y lo cuidó” (Lc. 10, 34). Y que de-
           anulan la libertad humana. La gente quiere ser  vuelve esperanza al que se siente perdido: “De-
           libre y sin ataduras. En muchas personas domi-  ja las noventa y nueve en el desierto y va tras la
           na la idea de que Dios solo tiene nor-
           mas y mandatos que no me dejan ser
           libre.
              Pero la realidad es muy diferente.  Yo me quedo con Cristo Rey, el Rey de Reyes.
           Algunos han cambiado a Dios Padre  El que muere en la cruz y me hace libre.
           de todos por otros dioses o pequeños  Jesús se presenta como un Rey muy distinto
           reyes que, fina y sibilinamente, están  a los que ofrece el mundo. Su trono es la
           marcando sus vidas sin darse cuen-  cruz; su cetro, la misericordia; su manto, la
           ta.  Les  hacen  actuar  como  quieren  cercanía con los pobres y los pequeños.
           esos nuevos reyes que se presentan
           en sus vidas con propuestas, aparen-
           temente  atrayentes,  envueltas  en
           rostros cercanos y familiares. Les imponen un  descarriada, Y, cuando la encuentra, se la carga
           estilo de vestir, de vivir, de elegir que anulan sus  sobre los hombros” (Lc. 15, 4.5).
           decisiones y, por lo tanto, su libertad. Les abo-  Jesús reina desde el amor, no desde el poder.
           can a un comportamiento que dista mucho de lo  Su corona es la entrega, no la vanidad, tan de-
           que  pensarían  sus  padres.  Toman  decisiones  mandada, de manera discreta, en nuestra socie-
           aparentemente  libres,  pero  condicionadas  por  dad. El verdadero Rey no exige sumisión ciega,
           propuestas engañosas. Y así nos vamos encon-  pide  confianza.  No  nos  garantiza  que  tendre-


           4 • LA VERDAD
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