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TRIBUNA LIBRE









              CON LOS POBRES,



                           CONTRA LA


                               POBREZA               gún su necesidad, de cada cuál según su capaci-
                                                     dad, compartido por tradiciones distintas, desde la
                                              ―      evangélica hasta la marxista, nunca lo hemos to-
                                                     mado suficientemente en serio. Hemos optado por
                                         SOLASBIDE   un sistema económico basado en la explotación, la
                                                     ambición, la obsesión por poseer y en la acumula-
                                                     ción desmedida de bienes por unos pocos.
                                                       Acceder  a  los  bienes  necesarios  para  llevar
                     ivimos  en  un  mundo  complejo  y  una vida digna se vuelve cuestión de suerte, de
                     hostil.  Siempre  lo  ha  sido,  pero  dónde —en qué lugar, en qué familia— se nace, o
                     hoy  especialmente  nos  rodea  el  de puro arbitrio, del lugar que se ocupa en la es-
                     individualismo, la superficialidad,  tructura  económica.  Algo  del  todo  contrario  al
                     el  ruido,  la  indiferencia,  lo  que  ideal  de  la  fraternidad  que  figura  tanto  en  los
                     nos  obliga  a  reivindicar  la  bús-  evangelios como en la Declaración Universal de
         V queda  de  sentido,  la  necesidad        los Derechos Humanos.
         del discernimiento, el valor de la utopía.    Como cristianos, creemos que en el núcleo del
            Venimos siendo testigos de cómo saltan por  mensaje evangélico se halla la opción por los más
         los aires criterios, instituciones, normas y reali-  pobres, vulnerables o excluidos. Queremos estar
         dades  que  muchos  considerábamos  definitiva-  del lado de los pobres, compartiendo su condición
         mente adquiridas y estables. La persona se sub-  y su causa, luchando contra la pobreza y la injus-
         ordina al negocio, la vida al interés, la política a  ticia, buscando un reparto más justo del trabajo y
         la economía, la paz a la guerra. Estos tiempos  de los bienes. Sin embargo, con frecuencia, los
         donde se desprecia el derecho internacional, se  cristianos, individualmente y como Iglesia (como
         ningunea a las Naciones Unidas y se inician gue-  institución debiera promover una austeridad y ge-
         rras  radicalmente  injustas  (Ucrania,  Palestina,  nerosidad que no siempre practica), provocamos
         Irán, Líbano), que no solo acaban con la vida de  un gran escándalo por la imagen de poca cohe-
         seres humanos, sino que también ponen en peli-  rencia que damos y por caer en la tentación del
         gro el abastecimiento de recursos indispensables  poder, del éxito y de la riqueza.
         y amenazan con extender la precariedad econó-  Los seres humanos somos muy imperfectos, te-
         mica por todo el planeta.                   nemos contradicciones y el ideal nos suele quedar
            Una de las grandes cuestiones de este tiempo  muy lejos de la realidad. Es difícil ser coherente y
         sigue  siendo  la  desigualdad.  La  Humanidad  ha  poner en peligro el propio bienestar para ser po-
         conseguido acumular una enorme cantidad de re-  bres y estar con los pobres. Pero creemos necesa-
         cursos materiales y tecnológicos, pero no acabar  rio seguir luchando por la utopía de, con sentido
         con la pobreza que sigue azotando o acecha a bue-  autocrítico y humildad, mantener el compromiso
         na parte de la población mundial.           de tratar de ser mejores —mejores seres humanos
            La pobreza es un mal, es injusta, perjudica la  y  mejores  cristianos—  y  de  hacer  una  sociedad
         vida material y espiritual de quien la padece. Pero  mejor. Una sociedad basada en el respeto a la dig-
         el afán por la riqueza, por poseer, es un peligro y  nidad intrínseca de todas las personas, en la paz y
         también deshumaniza. El ideal de a cada uno se-  en la justicia para todos. ❏


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