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DIÓCESIS
Edurne Astiz Arzoz, voluntaria del ¿Qué consecuencias deja en las mujeres que
grupo de calle y oración de Villa sufren explotación sexual y trata, y qué
puede hacer la sociedad para dejar de mirar
Teresita
hacia otro lado y convertirse en parte de la
solución?
“Nadie es indigno a Las consecuencias son muchas, pero, si tuviera
que decir una común, sería la sensación de pérdi-
los ojos de Dios” da de dignidad y todo lo que deriva de ello. Algo
que no podemos permitir que sientan, porque
nadie es indigno a los ojos de Dios, ni su vida se
define únicamente por su sufrimiento anterior.
Durante los sanfermines aumenta la trata y Como sociedad tenemos que aceptar esta reali-
la prostitución ¿Qué realidad se esconde de- dad. Informarnos en fuentes fiables para desmiti-
trás de este fenómeno y por qué aumenta ficar todo lo que rodea a la trata y la prostitución.
Durante estos días? No podemos ser indiferentes, tenemos que forjar
La Fiesta de San Fermín, como cualquier fiesta una postura ante el consumo, pues esto es lo que
multitudinaria, se prepara con antelación. Igual lo sostiene y fomenta. Desde el Amor empezar a
que los bares llenan sus despensas, las redes de cambiar comentarios, actitudes, hablar con cono-
trata llenan sus clubes y pisos de mujeres, tratán- cimiento real y sensibilizarnos con este sufri-
dolas como meros productos de consumo, y no miento para formar parte de la solución real sin
como lo que son, personas. Es muy duro, pero la perder la esperanza. ❏
realidad es una situación de vulnerabilidad extre-
ma debido al aumento de la demanda por la lle-
gada de tanta gente a la fiesta. La falta de liber-
tad y pobreza en la que viven estas mujeres hace
que lleguen muchas más en esta situación a nues-
tra ciudad y a los rededores.
¿Qué papel puede desempeñar la Iglesia ante
una realidad como la trata?
Todos, como Iglesia, tenemos que “Alzar la mira-
da”, como nos decía el Papa León hace unos días.
Tenemos que estar con la mirada preparada para
ver y poder tender la mano a las mujeres que lle-
gan, a las que se alojarán en el piso de tu mismo
edificio, en los clubes, las que verás en los bares o
en las calles y necesitan del amor de Dios a través
de nosotros, su Iglesia. Tenemos que empezar por
lo más eficaz que es la oración. Como mínimo,
rezar por ellas y todo lo que les rodea, los tratantes
y consumidores. Y si Dios quiere, y nos presenta la
oportunidad de ser su herramienta, tenemos que
acogerlas y lograr que se sientan tan queridas
como Dios las quiere. Es tan sencillo como darles
un abrazo, una sonrisa… Piensa: ¿qué haría Jesús?,
¿cómo la acogería?, ¿cómo hablaría de ella?
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