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CARTAS DESDE LA CARIDAD
SAN FERMÍN, LA
FIESTA DE TODOS Nos convierte en una ciudad que recibe a mucha
gente de fuera, y nos plantea el reto de cómo aco-
gemos. La acogida es una palabra profundamen-
― te evangélica. Jesús nunca preguntó de dónde ve-
nía una persona, ni cuál era su condición o cuáles
MONS. FLORENCIO ROSELLÓ eran sus ideas. Miró siempre el rostro de cada
ARZOBISPO DE PAMPLONA - TUDELA hombre y mujer, reconociendo en ellos una digni-
dad que nadie puede arrebatar. Para nosotros la
prioridad es la dignidad de la persona, por encima
de cualquier raza o procedencia. Como nos dijo el
papa León XIV en su visita a España, “la dignidad
l 7 de julio aparece marcado en rojo no entiende de fronteras, no se mide por el pasa-
en nuestro calendario de Navarra. porte”. También en Pamplona estamos llamados a
Unos días que traspasan límites y mirar así a quienes son diferentes por su cultura,
fronteras. El corazón de Navarra la- su religión, su procedencia o su manera de pen-
te con intensidad, saca su traje de sar. Las diferencias no tienen por qué convertirse
fiesta y viste sus mejores galas para en barreras; pueden ser ocasión de enriqueci-
E salir a la calle y convertirla en su ca- miento mutuo cuando se viven desde el respeto y
sa, su familia y su espacio natural. También mu- la escucha. Las fiestas de San Fermín son un la-
cha gente fuera de nuestra comunidad canta la boratorio privilegiado de ensayar acogida y acep-
popular canción: “Uno de enero, dos de febre- tación del diferente.
ro…” con una inusitada familiaridad. Unas fiestas La polarización que percibimos a nivel nacio-
que tienen su origen en el hecho religioso, en san nal también tiene su réplica en nuestra ciudad de
Fermín, primer obispo de Pamplona,
del cual me considero digno sucesor.
San Fermín es mucho más que una San Fermín es, ante todo, un testigo de
figura histórica de unas fiestas univer- Jesucristo. Su ejemplo nos recuerda que la
salmente conocidas. Es, ante todo, un verdadera grandeza de una persona no se
testigo de Jesucristo. Su ejemplo nos mide por el éxito, el reconocimiento o el
recuerda que la verdadera grandeza poder, sino por la capacidad de amar, de servir
de una persona no se mide por el éxi-
to, el reconocimiento o el poder, sino y de entregar la vida por los demás.
por la capacidad de amar, de servir y
de entregar la vida por los demás. San
Fermín entregó su vida por ser fiel al evangelio, Pamplona, que con frecuencia cae en la tentación
poniendo delante salvar su vida si renunciaba a la de la confrontación. Las fiestas de San Fermín nos
fe católica o morir mártir si se mantenía fiel. Co- ofrecen la oportunidad de vivir y ensayar el valor
mo nos dicen la historia y la tradición, prefirió en- del encuentro. Podemos pensar distinto sin dejar
tregar su vida y morir con dignidad y coherencia de reconocernos como miembros de una misma
antes que seguir viviendo desde la falsedad y la comunidad o de una misma humanidad. El papa
mentira. León XIV, en su discurso en el Congreso de los Di-
Las fiestas de San Fermín ponen a prueba a putados, dijo a sus señorías: “La firmeza no exige
nuestra Iglesia y a nuestra ciudad de Pamplona. desprecio; la discrepancia no conlleva humilla-
4 • LA VERDAD

