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doctor confió y se dirigió a su casa. Pero antes de
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                                                     nefactora  que  llegaba  desde  Milán,  su  ciudad:
                                                     «Doctor, he venido para traerle mucho dinero». Y
                                                     era justo la suma que costaba  comprar el equipo
                                                     necesario.
                                                       3. En otra ocasión se necesitaba más dinero y
                                                     el padre Pío se dirigió a su más estrecho colabo-
                                                     rador  y  le  predijo:  «Doctor,  ve  a  Roma  porque
                                                     hacen falta 400 millones (liras) para la Obra, pero
                                                     allí sólo obtendrás la mitad». Y tenía razón  En
                                                     mayo  de  1947  se  habían  iniciado  labores  para
                                                     construir una carretera directa hasta el hospital
                                                     todavía por edificar. En el otoño de ese año, Bár-
                                                     bara  Ward,  notable  periodista  de  la  prestigiosa
                                                     publicación The Economist, llegó a san Giovanni
                                                     Rotondo. Era una ferviente católica. Su novio, el
                                                     australiano Robert Jackson era protestante. Pero
                                                     lo que interesa ahora es resaltar que también era
                                                     el consejero delegado y responsable del UNRRA,
                                                     las ayudas de la ONU en Europa, África y Extre-
                                                     mo  Oriente.  Bárbara  consultó  con  padre  Pío  el
                                                     asunto de su novio y le pidió oraciones para su
                                                     conversión. Padre Pío le dijo: «Sí, si el Señor lo
            El día en que padre Pío dio la orden de co-  quiere, se convertirá». -«Pero, ¿cuándo, padre?».
         menzar dijo: «¡Doctor, comencemos!» Y el médico  -«Si el Señor lo quiere, ahora mismo». Y  mientras
         replicó: «Padre, no tenemos ni un céntimo. Nece-  la señorita  Ward hablaba con fray Pío, en aquel
         sitamos pagar a los operarios al final de la sema-  mismo día e instante, su novio estaba siendo bau-
         na». El Padre metió la mano en el bolsillo y sacó  tizado en Londres en una iglesia católica. Cuando
         una  moneda  diciendo:  «Empecemos  conmigo  y  la periodista observó que estaban construyendo
         verás  cómo  lo  logramos».  La  fe  hizo  lo  demás.  una calzada hacia la montaña preguntó a un clé-
         Pero los dineros que llegaron resultaron ser insu-  rigo qué estaban haciendo y éste, don Peppino,
         ficientes para pagar a todos los trabajadores ese  respondió que una gran clínica. «Y ¿cuánto dine-
         fin de semana, y el doctor informó de ello al frai-  ro se necesita? Y el sacerdote, de improviso dis-
         le, que respondió: «Doctor, yo no tengo nada más  paró la primera cantidad que le vino en mente:
         que este pañuelo donde están los donativos, mira  «Cuatrocientos millones de liras». Una vez que la
         a ver cuánto hay». El médico,  que había cambia-  Ward comprobó que su novio se había convertido,
         do la bata pulcra de la ciencia por otra no tan lim-  logró  que  UNRRA  desembolsara  250  millones
         pia de capataz, contó y había exactamente lo que  para su construcción.
         se necesitaba, ni un céntimo de más ni de menos.  No relatamos más de los comienzos de esta
            2. A medida que la construcción avanzaba, era  obra que padre Pío dejó para atender corporal y
         necesario más dinero pero la caja estaba vacía.  espiritualmente a los enfermos, en especial a los
         Como era costumbre, el doctor Guglielmo fue a  pobres enfermos. ❏
         llamar a la puerta del convento. Padre Pío, sin de-
         rrumbarse, anunció: «Doctor, no te preocupes. Lo  * La mayor parte de esta crónica está tomada de la re-
         tendrás porque está llegando». De modo que el  vista italiana “Voce di Padre Pio.


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