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centro religioso. Pero ese hombre sordomudo encontrarse con los paganos (cf. Mc 7,31).
experimentaba además otro tipo de lejanía; se Con su cercanía, Jesús sana la sordera, sana
encontraba lejos de Dios, estaba lejos de los la mudez del hombre; en efecto, cuando nos
hombres porque no tenía la posibilidad de co- sentimos alejados, y decidimos distanciarnos —
municarse. Era sordo y por eso no podía escu- de Dios, de los hermanos y de quienes son dife-
char a los demás, era mudo y a causa de ello rentes a nosotros—, entonces nos encerramos,
no podía hablar con nadie. Este hombre era nos atrincheramos en nosotros mismos y termi-
un marginado del mundo, estaba aislado, era namos girando sólo entorno a nuestro yo, nos
un prisionero de su sordera y de su mudez y, hacemos sordos a la Palabra de Dios y al grito
por lo tanto, no podía abrirse para comunicar- del prójimo y, por lo tanto, incapaces de dialo-
se con los demás. gar con Dios y con el prójimo.
Ahora bien, podemos leer esta condición Y ustedes hermanos y hermanas, que habi-
de sordomudez en otro sentido, pues pudiera tan en esta tierra tan lejana, tal vez tienen la
ocurrirnos que nos encontremos apartados de impresión de estar separados, separados del
la comunión y de la amistad con Dios y con los Señor, separados de los hombres, y esto no es
hermanos cuando, más que los oídos y la len- así, no: ¡ustedes están unidos, unidos en el Es-
gua, sea el corazón el que esté obstruido. píritu Santo, unidos en el Señor! Y el Señor di-
Existe una sordera interior y un mutismo del ce a cada uno de ustedes: “Ábrete”. Esto es lo
corazón que dependen de todo aquello que más importante: abrirse a Dios, abrirse a los
nos encierra en nosotros mismos, que nos cie- hermanos, abrirse al Evangelio y hacer de él
rra a Dios, nos cierra a los demás: el egoísmo, la brújula de nuestra vida.
la indiferencia, el miedo a arriesgarse e invo- También a ustedes hoy les dice el Señor:
lucrarse, el resentimiento, el odio, y la lista “¡Ánimo, no temas, pueblo papú! ¡Ábrete! Ábre-
podría continuar. Todo esto nos aleja de Dios, te a la alegría del Evangelio, ábrete al encuen-
nos aleja de los hermanos y también de nos- tro con Dios, ábrete al amor de los hermanos”.
otros mismos; y nos aleja de la alegría de vivir. Que ninguno de ustedes permanezca sordo y
Hermanos y hermanas, ante esta lejanía, mudo frente a esta invitación. En este camino
Dios responde con lo puesto, con la cercanía de los acompaña el beato Juan Mazzucconi que,
Jesús. En su Hijo, Dios nos quiere mostrar sobre entre tantos inconvenientes y hostilidades, tra-
todo esto: que Él es el Dios cercano, el Dios jo a Cristo en medio de ustedes, para que nin-
compasivo, que cuida nuestra vida, que supera guno quedara sordo frente al alegre mensaje de
toda distancia. Y en el pasaje del Evangelio, en salvación, y a todos se les pudiera soltar la len-
efecto, vemos cómo Jesús se dirige a esos terri- gua para cantar el amor de Dios. Que así sea,
torios de las periferias saliendo de Judea para hoy, también para ustedes. ❏
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