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EDITORIAL
BAJO EL MANTO DE
LA INMACULADA
―
ALFREDO URZAINQUI
ueridos amigos de La Verdad, al
acercarnos nuevamente al 8 de
diciembre, nuestros corazones se
preparan para celebrar la Solem- compartir con vosotros un regalo significativo:
nidad de la Inmaculada Concep- Un pequeño libro de villancicos. No es un aña-
ción de la Santísima Virgen Ma- dido ocasional, sino parte viva del espíritu navi-
Q ría. Esta festividad, tan arraigada deño que ya late en nuestra comunidad. Los vi-
en la vida de la Iglesia y en la devoción de nues- llancicos son mucho más que canciones tradi-
tro pueblo, nos invita a contemplar con humildad cionales; son oración cantada, catequesis popu-
y esperanza el misterio de María, aquella mujer lar, memoria viva de la fe y tejido de unión en-
elegida desde antes de la creación del mundo pa- tre generaciones. En la voz del niño que co-
ra ser la Madre del Redentor. mienza a entonar “Campana sobre campana”, y
María es el espejo en el que la humanidad en la del anciano que lo acompaña emocionado,
puede contemplar el rostro misericordioso de encontramos un eco de la misma fe compartida.
Dios. Cuando proclamamos que es “Inmacula- Este libro de villancicos quiere ser un ins-
da”, no solo afirmamos una verdad teológica, si- trumento para avivar la tradición doméstica de
no que reconocemos en ella un signo de espe- la fe: cantar en familia, rezar juntos, preparar
ranza: La victoria de la gracia sobre el pecado, el corazón para el nacimiento del Señor. Mien-
de la fidelidad sobre la fragilidad humana, de la tras la cultura del ruido y de la distracción
belleza de Dios derramada en una criatura. Ma- amenaza con robarnos el silencio interior que
ría es, para nosotros, promesa y anticipo de lo necesita Dios para hacerse oír, la música navi-
que la gracia puede hacer en nuestras vidas. deña nos ayuda a recuperar la alegría simple,
En un tiempo histórico como el nuestro, sincera y luminosa de la espera.
marcado tantas veces por tensiones, dudas y Que en este tiempo de Adviento y en la fies-
desencantos, el contemplar a la Virgen Inma- ta de la Inmaculada encontremos en María un
culada nos recuerda que la luz de Dios no modelo de apertura total a Dios. Que ella nos
abandona el mundo, y que la pureza de cora- enseñe a decir “sí” con la misma disponibilidad
zón, la honestidad y la entrega son caminos y confianza, a aceptar la invitación divina que
aún posibles. María camina con nosotros y nos toca a nuestra puerta y a responder, sin miedo:
señala el horizonte: “Haced lo que Él os diga”. “Aquí estoy”.
Ella nos conduce a Cristo, y lo hace no desde Que la Virgen Inmaculada cubra a todos
la distancia, sino desde la cercanía maternal con su manto y nos conduzca, como Madre y
de quien conoce nuestras luchas y esperanzas. Maestra, hacia la alegría del encuentro con su
En esta edición especial, queremos además Hijo, nuestro Salvador. ❏
2 • LA VERDAD

