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CARTAS DESDE LA CARIDAD









                      CUARESMA: HA



                LLEGADO LA HORA                       que lo levanta. En una sociedad que a menudo hu-

                                                      ye del silencio y de confrontarse a sí mismo, este
                                                ―     tiempo es más necesario que nunca. El papa Le-
                                                      ón XIV nos tranquilizaba cuando nos decía: «No
                               MONS. FLORENCIO ROSELLÓ  se trata de sentirnos acusados, sino de abrir un
                              ARZOBISPO DE PAMPLONA - TUDELA  espacio de verdad en nuestro corazón; solo allí co-
                                                      mienza la salvación» (audiencia general, agosto
                                                      de 2025). La Cuaresma es un tiempo de sereni-
                                                      dad, donde nos encontramos con Dios, nos acoge
                                                      y nos perdona. Nadie nos acusa y nos dice como
                                                      a la adúltera: “Mujer, ¿dónde están tus acusado-
                                                      res?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó:
                     l  próximo  18  de  febrero  celebrare-  «Ninguno,  Señor».  Jesús  dijo:  «Tampoco  yo  te
                     mos  el  Miércoles  de  Ceniza  con  el  condeno. Anda, y en adelante no peques más» (Jn.
                     que iniciaremos la Cuaresma. Es un  8, 11). Es disfrutar de la caricia sanadora de Dios.
                     tiempo favorable para la conversión,  La hora de la Cuaresma nos lleva a la oración.
                     para volver a Dios, para dejar que él  A la intimidad con Dios. No hay conversión sin
                     actúe en nuestra vida. Los tiempos li-  oración, no hay escucha de Dios sin oración, no
           E túrgicos tienen un riesgo y es que,      hay reconciliación sin oración. Es un tiempo de
           como se repiten todos los años, sin querer nos  mayor relación con Dios. Esta intimidad se logra
           pueden llevar a la rutina, a lo monótono. En cam-  “en lo secreto, en lo escondido” (cf. Mt. 6, 6), don-
           bio, para Dios no es “lo de siempre”; Cuaresma  de realmente encontramos a un Dios padre, cer-
           “es la hora”, es un tiempo en el que Dios espera  cano y amoroso. Una oración que nos toca el co-
           un cambio, una conversión y un com-
           promiso, y esto ya no es rutina ni mo-
           notonía, sino compromiso, vida nueva.  La hora de la Cuaresma nos lleva a la oración.
              Es  la  hora,  nos  dice  Jesús,  es  el  A la intimidad con Dios. No hay conversión sin
           tiempo, es el momento de la conver-  oración, no hay escucha de Dios sin oración,
           sión. En varias ocasiones, Jesús mani-  no hay reconciliación sin oración. Es un
           festó que “no había llegado la hora”:
           en las bodas de Caná, con la samari-  tiempo de mayor relación con Dios.
           tana…, pero en el lavatorio de los pies,
           en el momento de la entrega, Jesús di-
           jo: “Ha llegado mi hora”. Era el momento de la en-  razón, porque “volver al corazón es el primer pa-
           trega, del servicio. A todos nos llegará la hora, el  so de toda verdadera conversión” (León XIV. 2 oc-
           gran momento, y hemos de estar preparados. La  tubre 2025).
           Cuaresma es la hora del cristiano, donde no pue-  La hora de la Cuaresma me lleva al ayuno, al
           de mirar hacia otro lado, donde vuelve su mirada  sacrificio personal, a la renuncia. El ayuno nos in-
           hacia Dios y se compromete a una nueva vida.  vita a revisar nuestros estilos de vida: nuestros
              La  hora  de  la  Cuaresma  nos  invita  a  mirar  consumos, nuestras adicciones, nuestros gastos a
           nuestro interior con verdad, sin miedo, sin excu-  veces superfluos. Ayunar es revisar nuestra vida,
           sas, sabiendo que Dios no humilla al pecador, sino  ver de qué tenemos que ayunar, qué tenemos que


           4 • LA VERDAD
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