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FAMILIA
LA IMPORTANCIA
DEL SILENCIO PARA
ORAR BIEN
―
ROBERT KIMBALL
ntre los numerosos frutos que apor-
tan ratos de silencio en nuestras vi- para encontrarse con el Padre. A este respecto,
das, como hemos comentado en artí- nos dio los siguientes consejos para orar bien jus-
culos anteriores sobre este tema, fi- tamente antes de enseñar a los 12 apóstoles la
gura la oración profunda e íntima oración del Padre Nuestro: “Cuando ores, entra
con Dios. Sin menospreciar la impor- en tu cuarto, cierra la puerta, y ora a tu Padre,
E tancia de las muchas y hermosas que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo se-
oraciones que hemos aprendido de pequeños (El creto, te lo recompensará. Cuando recéis, no
Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria, por citar uséis muchas palabras, como los gentiles que se
solamente algunas oraciones fundamentales), imaginan que por hablar mucho les hará caso”
conviene fomentar también una clase de oración (Mateo 6,6-7).
que surge espontáneamente de un silencio en el En un artículo anterior, recalcamos la necesi-
que el orante se presenta solo ante su
Señor y Salvador, ofreciéndole todos
sus gozos y esperanzas, tristezas y an- Los evangelios muestran repetidamente a
gustias (Lumen Gentium no. 1). Sin Jesús retirándose al monte o al desierto para
embargo, para conseguir las condicio- encontrarse con el Padre.
nes necesarias para poder orar así, de-
bemos apartarnos de un mundo mar-
cado por el ruido constante, las prisas y la sobre- dad de que las familias reservemos ratos de si-
abundancia de estímulos, donde el silencio se ha lencio durante la jornada para orar juntos, prefe-
vuelto casi un lujo. El silencio no es vacío, sino un rentemente al final del día. Los padres podemos
espacio para que Dios nos hable al corazón. La dar buen ejemplo de nuestro compromiso de orar
oración, lejos de alejarnos de la realidad, nos de- a menudo delante de los hijos, retirándonos a
vuelve a ella con una mirada más profunda, más nuestra habitación para orar, o aprovechando un
serena y más humana. No debemos tener miedo excelente medio que nos ofrece nuestra Iglesia
de detenernos, escuchar el corazón y abrir un es- diocesana por medio de la Adoración Eucarística
pacio para dialogar en silencio con Dios. en la Basílica de San Ignacio de Loyola en Pam-
No es casual que Jesucristo buscara con fre- plona. También, cabe llegar quince minutos antes
cuencia lugares solitarios con el silencio necesa- de la misa en nuestra parroquia para estar en si-
rio para orar. Los evangelios muestran repetida- lencio, rezar y prepararnos espiritualmente para
mente a Jesús retirándose al monte o al desierto la celebración eucarística. ❏
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