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jar que Cristo nos transforme. Seguimos siendo  con la gente y yo decía: “Quiero ser como él”.
         humanos y frágiles, como nos ha dicho el papa en  En el evangelio hemos escuchado: “El que no
         el mensaje: “Llevamos este tesoro en vasijas de  carga con su cruz y me sigue no es digno de mí”
         barro (cf. 2 Co 4,7), somos limitados e imperfec-  (Mt. 10, 38). El sacerdote, el diácono, se compro-
         tos, a menudo estamos marcados por debilidades  mete a coger la cruz, a abrazarla, pero no porque
         y cansancios, a veces por heridas”. Santos con los  busque el sufrimiento ni una actitud de derrota y
         pies en el suelo o, como nos diría el papa Fran-  resignación ante las dificultades. La cruz de Cris-
         cisco, “santos de la puerta de al lado”, santos con  to es, ante todo, el signo del amor llevado al ex-
         nuestras historias personales. Santos que no nos  tremo. Y el amor siempre refleja felicidad. Jesús
         escandalizamos al caer, sino que tenemos la ca-  carga con la cruz por amor a la humanidad. Quie-
         pacidad de levantarnos. Santo es aquel que cae y  nes recibís hoy el diaconado y el presbiterado no
         se levanta.                                 sois llamados a una vida cómoda, fácil y de pres-
            Y el papa León XIV nos quiere sacerdotes feli-  tigio. La imposición de manos no elimina las debi-
         ces. Así lo expresó el año pasado en el Jubileo de  lidades personales ni garantiza una vida sin prue-
         Seminaristas y Sacerdotes (junio 2025). Disfrutad  bas. Al contrario, la vida del sacerdote es aquel
         de vuestro sacerdocio, de vuestro diaconado. No  que, como el Buen Pastor, carga con la oveja per-
         os acostumbréis a él, que la rutina no se apodere  dida y la devuelve al redil. La cruz y la oveja per-
         de vuestro ministerio. Nos dijo el papa: “Juntos  dida se dan la mano. Los dos son signos de re-
         queremos dar testimonio de que es posible ser sa-  dención, de felicidad.
         cerdotes  felices,  porque  Cristo  nos  ha  llamado,  La cruz del ministerio tendrá muchos rostros.
         Cristo nos ha hecho sus amigos (cf. Jn. 15, 15)”.  Será la fidelidad cotidiana, del día a día, que na-
         Jesús no nos ha hecho funcionarios ni empleados,  die aplaude, la celebración de la eucaristía, la cer-
         nos ha hecho sus amigos. Ser amigos de Jesús nos  canía a los pobres y vulnerables. Tocará hacer de
         lleva a la felicidad plena. Insistió en que esta ale-  cirineo con mucha gente herida y hundida en el
         gría debía caracterizar tanto a los sacerdotes co-  camino ayudándole a llevar la cruz; otra vez os to-
         mo a quienes se preparan para el ministerio. Dar  cará hacer de samaritano curando las heridas du-
         testimonio de fidelidad es el mayor testimonio vo-  ras de la vida. Siempre y por encima de todo ser-
         cacional. Siempre he contado que yo quise ser sa-  vir. La cruz, para el sacerdote y el diácono, nos
         cerdote por cómo era el cura de mi pueblo. Era un  ayudará a aprender cada día que la autoridad en
         hombre feliz, entregado, le veía rezar, le vía estar  la Iglesia nace del servicio humilde.


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