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              Los  seis  jóvenes  que  hoy  reciben  el  sacra-  cesis os da las gracias. Antes de que estos jóvenes
           mento del Orden son jóvenes normales, llamados  fueran seminaristas, fueron hijos. Antes de escu-
           a la santidad. Son humanos. No son superhom-  char  la  llamada  del  Señor,  escucharon  vuestra
           bres. No son personas extraordinarias en el sen-  voz. Antes de aprender a convivir en el seminario,
           tido mundano de la palabra. Son jóvenes que han  aprendieron a convivir en vuestra familia. La ma-
           crecido en nuestras parroquias, han estudiado en  yoría de ellos aprendieron las primeras oraciones
           nuestros  colegios,  facultades  y  universidades.  en casa. La generosidad de entregar un hijo a la
           Tienen  amigos,  proyectos  y  sueños,
           como  tantos  otros  jóvenes.  En  ellos
           vemos la fuerza de una llamada que  Dar testimonio de fidelidad es el mayor
           transforma la vida sin destruirla, que  testimonio vocacional. Siempre he contado
           la  eleva  sin  deshumanizarla,  que  la  que yo quise ser sacerdote por cómo era el
           llena de sentido sin apartarla de los  cura de mi pueblo. Era un hombre feliz,
           hombres.  Hoy  estos  jóvenes  siguen  entregado, le veía rezar, le vía estar con la
           necesitando  de  vuestra  oración,  de
           vuestra cercanía. En algún momento  gente y yo decía: “Quiero ser como él”.
           necesitarán  de  vuestra  llamada  de
           atención para que sean fieles al mi-
           nisterio que hoy reciben.                  Iglesia, en nuestra diócesis de Pamplona y Tude-
              Y detrás de cada joven hay una familia. Cuan-  la, tendrá su recompensa en vuestra familia.
           do  visito  pueblos  en  la  diócesis,  en  muchos  de  Que la Virgen María, santa María la Real, Ma-
           ellos me piden, me pedís, que envíe un sacerdote  dre de los sacerdotes y servidora humilde del Se-
           y además que viva en ese pueblo. Yo les digo que,  ñor, os acompañe siempre. Y que el Corazón de
           de acuerdo, pero que no tengo una fábrica de sa-  Cristo, al que hoy queréis entregar vuestra vida,
           cerdotes,  sino  que  nacen  en  una  familia.  Hoy  os haga sacerdotes y diáconos santos para el bien
           quiero dirigirme a vuestras familias. Queridos pa-  de nuestra Iglesia de Navarra y para la salvación
           dres, hermanos, abuelos y familiares: hoy la dió-  del mundo. ❏


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