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la confianza, sanar heridas, despertar la fe que el acontecimiento por el cual el Verbo se hizo car-
quizá se ha ido apagando, revisar prioridades y ne y habitó entre nosotros. No es solo un recuer-
abrir espacios interiores donde Dios pueda entrar. do; es la afirmación de que Dios ha entrado defi-
La palabra "Adviento" proviene del latín ad- nitivamente en la historia humana.
ventus, que significa “venida” o “llegada”. No se 2. La venida cotidiana: Cristo que llega a
trata de una venida pasiva sino cargada de inten- nuestra vida. El Señor no dejó de venir después
ción: Dios viene a nosotros porque desea encon- de Belén. Llega a través de la Palabra, de los sa-
trarse con la humanidad. Y nuestra respuesta es cramentos, de las personas, de los signos de los
preparar el corazón para acogerlo. Ese dinamis- tiempos. Acoger esta venida requiere vigilancia
mo —Dios que se acerca y el creyente que se dis- espiritual.
pone— es el corazón de este tiempo litúrgico. 3. La venida gloriosa: Cristo que vendrá al
La tradición cristiana habla de tres venidas final de los tiempos. La Iglesia mira también ha-
del Señor que el Adviento contempla simultánea- cia el futuro. Afirma que la historia tiene un senti-
mente y que conforman su riqueza espiritual: do y una plenitud que solo Dios puede dar. El Ad-
1. La venida histórica: Jesús nacido en Be- viento educa nuestra esperanza para vivir orien-
lén. Celebramos la encarnación del Hijo de Dios, tados hacia esta promesa.
LOS PROTAGONISTAS DEL ADVIENTO
La liturgia del Adviento nos acompaña con tres figuras esenciales que iluminan la
espiritualidad de este tiempo.
Isaías: el profeta de la esperanzaA través de sus oráculos, Isaías ofrece visiones
profundas de paz y justicia: el lobo y el cordero que vivirán juntos, el pueblo que
camina en tinieblas y ve una gran luz, el renuevo que brota del tronco de Jesé. Sus
palabras nos recuerdan que la esperanza cristiana no es ingenua, sino profética:
nace en medio de las dificultades, se atreve a creer que Dios puede hacer nuevas
todas las cosas.
Juan el Bautista: el profeta que despiertaJuan aparece en el desierto llamando a
la conversión: “Preparad el camino del Señor”. Su voz incómoda, urgente y clara
nos invita a revisar nuestras rutinas, a cambiar aquello que impide que el Señor
entre en nuestra vida. El desierto del Bautista no es un lugar geográfico, sino un
espacio interior donde podemos escuchar la verdad sin filtros.
María: la mujer de la esperaLa Virgen María es la figura culminante del Adviento.
En ella se encarnan la disponibilidad, la humildad, la escucha y la apertura total al
plan de Dios. María nos enseña que la espera más fecunda es la que se hace
desde la confianza, no desde la prisa; desde la entrega, no desde el miedo. Es la
mujer que acoge la Palabra y la hace carne.
28 • LA VERDAD

